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7 de junio de 2008

La noche del desvelo




La única noche, dijo alguien, es la del desvelo, la noche pasada en blanco. No se guarda memoria de las noches dormidas. Así es el amor: el más inolvidable es el que nunca fue.
Como para el insomnio, también para el olvido hay jarabes y menjunjes. Pero ambos son remedios sin discernimiento.

Los unos te dormirán tanto (sin sueños y sin sueño), que será como morir.

Con los otros no olvidarás, si los tomas, lo que quieres olvidar: lo olvidarás todo, feliz o disgustoso que haya sido.
No te revelo, pues, mis brebajes para el sueño y el olvido. Poseen el mismo efecto que tiene la cicuta.


Faciolince, Héctor Abad: Tratado culinario para mujeres tristes
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