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15 de junio de 2008

Los envidiosos


La palabra envidia procede del vocablo latino 'invidere', que significa "mirar con malos ojos". El filósofo griego Aristóteles la definía como "el dolor por la buena fortuna de los otros". ¿POR QUÉ ÉL/ELLA Y NO YO?, se pregunta el envidioso y con el propósito de lograr su objetivo (la caída de su rival) mete cizaña entre amigos, compañeros y parientes, a base de confabular mentiras. Puede convertir una cofradía en un nido de ratas y serpientes. Pero lo que está verdaderamente en juego aquí no es tu coche, tu casa, tu pareja o tu éxito profesional sino la persona misma del envidioso, lo que él vale o es capaz de hacer.
Por supuesto, la envidia se oculta o se disimula, y no sólo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega sentir envidia. Se es envidioso pero se ha de interactuar como si no se lo fuera. Es así que el sujeto que actúa como envidioso ha de sobre-actuar como no siéndolo:¿Cómo voy a sentir envidia de él(ella) , si éste no merece tan siquiera ser envidiado?
Además, la envidia presupone una serie de connotaciones morales negativas (maldad, doblez, astucia, complicación psicológica...) que el envidioso no está dispuesto a admitir como parte de su personalidad. Por consiguiente la envidia aparecerá muchas veces de forma que parezca una crítica generosa (“digo todo esto por tu bien").
La envidia es la cara oculta de la competitividad y constituye uno de los móviles que inducen a los hombres a disputarse el prestigio y el poder, motivados por la idea de “triunfar a cualquier precio” en el seno de una sociedad donde nadie está conforme con ser menos que el otro.
Es difícil descubrir al envidioso ya que a veces se esconde detrás de una apariencia amable, generosa y simpática y otras se camufla en conductas de excesivo respeto, o excesiva admiración sin embargo puede ser detectado porque el envidioso tiene un discurso monocorde y compulsivo sobre el o lo envidiado, vuelve una y otra vez al tema pero, eso sí, lleno de sagaces observaciones negativas.
Características que los delatan:
► El envidioso se alegra de los fracasos ajenos, sufre con los éxitos ajenos, pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos.
► De niños percibían que las demás personas de su familia y sus amigos eran más completas y más valoradas, mientras que a ellos no se les pres­taba atención .De adultos, la envidia los hace ver a todos estables y normales, mientras ellos se consideran defectuosos o al menos inacabados.
► Consideran que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo.
► Si triunfan nunca se sienten satisfechos y ese sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y muy peligroso para la persona envidiada. Si pudiera llegaría incluso a destruirla físicamente y no es raro que fantasee con su desgracia y su muerte.
► Utiliza maneras irónicas, altaneras, frías, distantes y en ocasiones hirientes, de menosprecio y crítica negativa.
► Normalmente, sus complejos de inferioridad o sus sentimientos profundos de inadecuación no resisten la presencia de otros compañeros o incluso subordinados más brillantes, mejor valorados o considerados por los demás.
► El envidioso murmura constantemente "Puedo perdonártelo todo, menos que seas el que eres. Que yo no sea tú".
► Acabar con las personas felices, competentes, brillantes y satisfechas consigo mismas del propio entorno profesional les hace creer ilusoriamente que son más fuertes que ellas.
► Darían cualquier cosa por poseer las cualidades de la víctima , pero su propia incapacitación para el aprendizaje suele perpetuar una profunda ignorancia y pobreza humana.
► Surgen problemas en sus relaciones románticas porque suelen enamorarse de personas cuyas cuali­dades admiran o desean para sí mismos, y luego acaban envidiando, resenti­dos, a la persona amada justamente por tener esas cualidades.
► Suelen sentirse atraídos por personas que, por uno u otro motivo, son inalcanzables; podrían pasarse mu­cho tiempo ansiando tener a la persona deseada y detestando a cualquiera que consiga su atención.
► Vi­ven inconscientemente el refrán «acompañado en la desgracia» («Si yo sufro, tú también»).

Para finalizar (por el momento)

Cierta noche, una luciérnaga revoloteaba en el huerto, donde el sapo envidioso le lanzó un escupitajo venenoso. La luciérnaga cayó malherida, pero antes de morir, se dirigió al sapo y le preguntó: “¿Por qué me escupes?”. “Porque brillas”, le contestó el sapo.

1 comentario:

Yaritza Fontanez T. P.R dijo...

Muy cierto mariana

Creeme escribo de eso sucesos todo el tiempo. Como las personas se han deshumanizado por los demas.