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5 de septiembre de 2008

Monólogos molestos





Es absolutamente normal tener un continuo monólogo en la mente. Pero muchas veces este parloteo mental es perjudicial. Nos puede afectar emocionalmente (nos decimos - o una voz mental nos dice - cosas que nos entorpecen o entristecen o mal predisponen) y nos puede afectar intelectualmente (el monólogo descontrolado no nos permite enfocarnos ni concentrarnos).

Prueba con los siguientes recursos (seguramente hallarás la ocasión de aprovecharlos bien):
· Re-etiquetar: Tendemos a ponerle etiquetas a la experiencia. Supongamos que tenemos una competencia o que actuamos ante público. Las palmas de las manos empiezan a transpirar, se nos retuerce el estómago y nos sonrojamos. Nos decimos que estamos poniéndonos nerviosos; y con eso nuestra inquietud aumenta cada vez más. Por el contrario, también podemos decirnos que estamos sintiendo las manifestaciones de energía que naturalmente acompañan a toda situación importante. Con esto reorientamos la energía hacia lo que tenemos que hacer.


· Re-editar: Es posible que estemos oyendo una voz que nos repite una y otra vez conceptos negativos. Puede estar diciéndonos que no servimos para nada y que nunca conseguiremos lo que buscamos. El truco para combatir esto es repetir la frase molesta en voz alta. Usando las mismas palabras, pero "editándolas", cambiando su calidad y cualidad. Podemos tapar esa voz con la letra de una canción o con un recitado que confeccionemos a nuestro gusto. Si estamos muy complicados con una situación y la voz nos lo recuerda una y otra vez, entonces reduzcamos la velocidad de las palabras hasta que parezcan arrastrarse y veamos qué sucede. Si llegáramos a oír una voz muy molesta, sólo modifiquemos la calidad y cualidad de esa voz. Controlémosla "editándola" y haciéndola más intensa, luego más baja, más rápida, más lenta, más cercana, más alejada, etc.


· Re-enfocar: Esto es aminorar la velocidad de los pensamientos y escuchar bien lo que están diciendo. El mejor método para lograrlo consiste en visualizar una fuente para las palabras que escuchamos, algo así como una televisión o una radio portátil. Imaginemos que es un aparato de gran calidad, y que podemos oír las palabras principales y las de segundo plano. Cuando hacemos esto, es mucho más sencillo no dejarse atrapar por el monólogo mental.

Gentileza de : Escuela de educación mental

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