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12 de noviembre de 2011

CÓMO ES EL CORAZÓN DE UN SOÑADOR POR BERNARDO STAMATEAS

CÓMO ES EL CORAZÓN DE UN SOÑADOR POR BERNARDO STAMATEAS

LECTURA: Génesis 37: 3-8 - 3 Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez. Por eso mandó que le confeccionaran una túnica especial de mangas largas.[
4 Viendo sus hermanos que su padre amaba más a José que a ellos, comenzaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
5 Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo contó a sus hermanos, éstos le tuvieron más odio todavía,6 pues les dijo: —Préstenme atención, que les voy a contar lo que he soñado.7 Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y le hicieron reverencias. 8 Sus hermanos replicaron: —¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter? Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba.

José, con diecisiete años, se va a dormir y tiene un sueño. En el sueño -que viene de parte de Dios-, él gobernaba toda la tierra. Les cuenta el sueño a sus hermanos, y éstos se enojan tanto, que lo quieren matar. Uno de ellos, llamado Rubén, dice: “es nuestra propia sangre, no lo matemos”, entonces deciden tirarlo a un pozo y venderlo como esclavo. A partir de ahí, y durante trece años, José va a sufrir mucho.
Un día, estando en la cárcel, cuando José tenía treinta años, el faraón –rey de la potencia más grande de aquel entonces- tiene un sueño, y manda a llamar a José para que se lo interprete. El faraón se queda tan impactado, que le abre la puerta del palacio y pone a José como ministro de economía. En lo teórico era el número dos, pero, en realidad, era el número uno ya que él administraba la comida de todo el mundo. José representa a los soñadores.
Algunas características de un soñador:
1º-Un soñador, sueña.
Cuando soñás, tenés la mentalidad de Dios. Dios piensa en término de sueños. La Biblia, es la sumatoria de gente con sueños de Dios que se esforzaron para alcanzarlos. Cuando Dios te da un sueño, manifiesta su manera de pensar. Dios quiere que sueñes en todas las áreas y durante toda tu vida, porque cuando tenés un sueño tenés Su lenguaje. Cuando tenés un sueño específico, medible, concreto, claro, tu vida comenzará a expandirse. Nada cambia hasta que no empieces a soñar.
Moisés estaba con dos millones de judíos en el desierto, que lloraban y se quejaban. Dios se enojó mucho y dijo que los mataría a todos, pero Moisés -a quien le surgió el corazón de pastor- intercedió por ellos pidiendo una oportunidad. Dios los perdonó, pero igualmente el pueblo estuvo cuarenta años llorando y quejándose en el desierto hasta que se murieron todos. Porque, una persona que no sueña, lo único que logra es alargar sus miserias, será igual ahora o cuarenta años más tarde.
Por eso, lo primero que Dios hace es poner sueños. Los soñadores, soñamos.
Si investigamos un poquito más profundo, nos damos cuenta que no eran los hermanos de José sino sus hermanastros. Es decir, tenían el mismo papá pero distinta mamá. La mujer, en la Biblia, es símbolo de mentalidad, o sea tenían el mismo Dios pero distinta mente.
Debemos cuidarnos porque hay mucha gente que adora el mismo Dios pero tiene otra mamá, y cuando en su mente no tiene sueños, esa persona te va a perseguir.
El sueño te va a expandir. Es el comienzo del reloj de tu vida, del tiempo, empezarás a escribir un capítulo nuevo. Cuando Dios te da un sueño, una etapa nueva comienza y estás cerrando una vieja; le estas diciendo al diablo “hasta acá”, “hasta acá me perseguiste, me oprimiste, me gobernaste, pero a partir de ahora se terminó; viene un capítulo nuevo en mi vida, tengo un sueño de Dios y voy a correr hacia él. Todo lo que me hiciste se termina en el nombre del Señor.”
Cuatrocientos cincuenta años Egipto oprimió a los hebreos, hasta que se levantó un hombre llamado Moisés, que se presentó a faraón y le dijo: “Faraón, se terminó, deja ir a mi pueblo.”

El diablo se ríe de nosotros, pero cuando aparece un soñador le dice: “hasta acá llegaste, me salgo de tu dominio porque tengo un sueño de Dios, a partir de ahora será tu fin y el comienzo de cosas grandes para mi.”
Lo que motiva, deprime. Lo mismo que Dios va a usar para motivarte, el diablo lo usará para deprimirte. Por ejemplo, muchos necesitan un coche y viven motivados para tenerlo:”quiero el coche, quiero el coche”, hasta que lo obtienen, y entonces, empiezan a preocuparse porque no saben cómo lo van a pagar, ni donde lo guardará; o sea lo mismo que lo motivó, luego lo bajonea.
Elías estaba frente a novecientos brujos, los miró y dijo: “Padre sólo yo he quedado”; oró para que caiga fuego y todos murieron. Luego Jezabel lo persigue y Elías se mete en una cueva, muerto de miedo. Entonces Dios le dice: “Elías, qué haces acá” Y le responde: “Padre, sólo yo he quedado.” Exactamente lo mismo que lo había motivado, lo deprimió.
Debes saber que cuando Dios te da un sueño, el enemigo lo va a perseguir; porque el diablo sabe que tu sueño es el punto final de su gobierno sobre vos y tu familia. Jesús dijo: El sembrador sale a sembrar y cuando la semilla cae en la tierra, vienen las adversidades por causa de la palabra. No te persiguen a vos sino al sueño que hay en tu corazón, y son los que tienen otra mentalidad. En la vida hay dos tipos de personas: los “José” que sueñan, y los que venden a los soñadores.
Cuando tenés un sueño de parte de Dios, no importa que te tiren al pozo o te metan en la cárcel, porque el sueño se va a cumplir.
2º- Los soñadores se comprometen con el sueño.
Tenés que casarte con el sueño, no podés ser su amigovio.
Cuando lo tiraron al pozo, José no les dijo: “no…,me equivoqué, no soñé nada”, sino en el pozo, en la traición, en todo lugar dijo: “si Dios me dio un sueño, me voy a jugar por él.”
Jesús dijo: el que no es conmigo contra mí es, y el que no junta, desparrama” que traducido es: o soñas o no soñas. Jugate por el sueño.
Tus sueños deben ser en todas las áreas y durante toda tu vida, sueños específicos, medibles, cuantificables, sin vergüenza; porque los sueños de Dios te mantiene joven. Compromete, porque una persona comprometida es atractiva. Jugate por los sueños. La persona comprometida tiene algo especial, una personalidad electrificante, que atrae a la gente más valiosa de la tierra.
Para domar a algunos caballos le atan una mula, el caballo patea, da vueltas, pero la mula lo hace a su imagen y semejanza. ¡Sacate a las mulas de encima! Dios escondió Su voluntad en tu pasión, en tu corazón, hacé lo que deseas, no dudes. Jugate por los sueños y alcanzarás lo que Dios te prometió.
3º- El soñador, tiene la túnica de Papá.
Jacob amó tanto a José que le dio una túnica especial. La túnica es símbolo de “Papá-Dios nos ama con un amor incondicional”, no necesitas que nadie te preste una camisa, Papá te ha dado su túnica, Él te ama como si no hubiese otro a quien amar. Algunos dicen “ahora que recibí a Cristo, Dios me ama”, y no es así, Dios te amó siempre.
Valoramos a la gente por sus títulos, por su dinero, por sus contactos, por su belleza, pero a Dios no le interesa nada de eso, nos ama tal como somos, “con amor eterno te he amado, mis pensamientos son de paz, y te amo desde el vientre de tu madre.” No tenemos que hacer nada para ganar el amor de Papá.
Los hermanastros lo tiraron al pozo porque el papá que lo engendró se llamaba Israel, que significa principe (antes de llamaba Jacob, tramposo). José se crió con su papá “príncipe”, pero sus hermanastros se criaron con los dos papás, conocieron al tramposo y al príncipe, o sea tenían dos papás en la cabeza. De tal manera le pasa a algunos cristianos, tienen dos dioses en la cabeza: uno bueno y uno malo, el que bendice y el que castiga.

En el Edén, Eva y Adán, comieron un pensamiento. La serpiente le dijo “el día que coman del fruto serán como Dios”, que traducido es: Dios tiene algo bueno para ustedes pero no se lo quiere dar. Entonces ellos se dijeron “¿Cómo? ¿Dios tiene algo bueno que nos esconde, y no quiere que seamos como Él? Esa es la mentira del enemigo. Dios no pide que te flageles, que sufras, que te sacrifiques, Dios es bueno.
La gente te califica, te juzga, pero no permitas que nadie te tome examen, para Dios estamos aprobados, nos ama tal como somos recordándonos Su amor incondicional.
Eutico estaba sentado en la ventana escuchando a Pablo predicar, se empezó a dormir y se cayó desde el tercer piso. Pablo lo abrazó y resucitó, otra vez lo llevó a la reunión, pero Eutico ya no se sentó en la ventana. ¿Porque antes sí se había sentado? Porque una parte de él quería recibir de Dios y otra parte quería morir. Pero Pablo lo abrazó y lo volvió nuevamente, porque Dios es bueno.
4º- Los soñadores tenemos manos ungidas para multiplicar
Donde José iba, prosperaba todo lo que tocaba, porque cuando Dios te da un sueño te da multiplicación en tus manos para que lo logres. Nunca te preguntes si podrás lograrlo porque cuando Dios te dio el sueño, ungió tus manos para la batalla y aunque se tarde y te cueste, todo lo que Dios comienza lo va a terminar.
La fe se gasta, me dijo el Señor. Cuando soltás fe, se gasta, como el amor, entonces hay que realimentarla. José iba de la mano del maestro por eso cargaba su fe. Tus manos se activan, se cargan cuando tomás la mano del Maestro.
Pedro le dice: Señor qué va a pasar con Juan, el bautista. Y Jesús le responde: Pedro, cuando era joven ibas donde querías, pero cuando seas viejo, te llevarán de la mano. ¿Está hablando de la vejez de Pedro? No, le está diciendo: “los inmaduros espirituales hacen lo que quieren, pero la gente sabia y madura se deja llevar por la mano del maestro.” Cuando te dejas llevar por la mano del Señor, sos un hombre y una mujer completa en Él; en cambio si no dejas que nadie te lleve, ni guie, seguís haciendo lo que querés.

¿Qué es más grande un milagro o una multiplicación? Multiplicación
Cuando Jesús hacía milagros la gente lo seguía, pero cuando Jesús multiplicó los panes, la gente lo quiso hacer rey. Un milagro viene de a momentos, pero hacer crecer día a día lo que tenés es más grande que un milagro. Con un milagro estás esperando que algo suceda -y está bien esperar un milagro-, pero más grande es aprender a hacer crecer día a día lo que tenemos.

Somos como la luz de la aurora que va en aumento: aumento económico, de salud, de paz, de unción; todo lo que toques va en aumento, no importa si estás en el pozo, en la casa de Potifar o en la cárcel injusta, donde estés harás cosas diez veces mejores, porque tus manos están ungidas para que todo lo que toques te salga bien.
Jesús, para multiplicar, tomó los panes y los peces, los levantó al cielo y dio gracias. Cuando damos gracias, Dios nos dará lo que no tenemos. No pidas lo que no tenés, porque hasta que no des gracias por lo que tenés, Dios no te dará lo que no tenés. Mucha gente no puede salir de su trabajo porque no da gracias por el trabajo que tiene. Bendecí el lugar donde estás, da gracias por lo que tenés porque hasta que no lo hagas no vas a lograr lo que querés.

Un corazón agradecido es un corazón multiplicado, siempre. Da gracias a Dios por tus hijos, por tus padres, por el trabajo, por tu pareja, porque hoy es pequeño, pero cuando lo pequeño se rodea de gratitud terminará siendo grande en el nombre del Señor.
¿Qué hubiese pasado si Moisés hubiese maldecido la vara? Hoy no tendríamos libertador. ¿Qué hubiese pasado si la viejita que tenía una vasija, no hubiese bendecido el aceite? No hubiésemos tenido una empresaria. Bendeci lo que tenés. Dar gracias te habilita para que lo pequeño se multiplique.
5º- Los soñadores conocen el secreto de la doble intimidad.
En la antigüedad Dios tenía un templo que estaba divido en tres partes: los atrios, el lugar santo, luego había una cortina y el lugar santísimo, donde -una vez por año- el sumo sacerdote entraba, era el lugar donde estaba el mismo corazón de Dios. Por eso David dice prefiero estar un día en tus atrios que mil fuera de ti.
¿Qué son los atrios? Es como el estacionamiento, nosotros no nos quedamos en el estacionamiento sino que, cuando venimos a la iglesia, es para entrar.
El lugar santo es como el hall de entrada, pero no vinimos a la iglesia para quedarnos en el hall sino para entrar al lugar santísimo, en el lugar íntimo con Dios.
La Biblia se resume en tres partes: la ley, los profetas y Cristo.
La ley nos capacitaba para conocer el estacionamiento de Dios, los profetas se necesitaban para conocer el lugar santo, pero Cristo vino para revelarnos el corazón de Dios.

Se encontraron Moisés, Elías y Jesús en el monte de la transfiguración: Moisés, el padre de la ley; Elías, el padre de los profetas y Cristo; porque mayor que la ley y los profetas, es Cristo.
Esto te quiero decir que, Dios no te hizo para que te quedes en el estacionamiento, ni para que te quedes en el hall, sino para que entres, directamente, sin intermediarios -sin necesidad de un cura, un pastor ni de nadie-, puedas entrar a lo más intimo de Su corazón y sentirlo latir. Y podemos hacerlo en cualquier lugar, a cualquier hora, le decimos: “Papá, yo quiero entrar en tu corazón.”
Pero podemos ser cristianos y vivir toda la vida en el estacionamiento de Dios; tener la Biblia y cantar, conocer hasta las lenguas, y morir en los atrios, pero Dios no te quiere allí sino en su corazón.

“¡Oh!, rey méteme en tu recámara”, le decía la enamorada en Cantar de los cantares, y dame tus dulces besos que son mejores que el vino; metafóricamente le estaba diciendo “quiero tocar lo más íntimo del corazón de Papá”.
Lo íntimo de Dios yo no lo puedo predicar, puedo quizás acompañarte un poquito, pero sólo vos podés decir: “Señor yo quiero tocar tu corazón”. Esa es la intimidad que descubrió José, pero hay otras intimidades.
Nosotros somos tripartitos: atrio, lugar santo y lugar santísimo.
-Mi atrio: es mi yo social, externo. Las máscaras.
-El lugar santo: es mi yo personal. Son nuestros miedos, sueños, alegrías, deseos, anhelos, donde nos comunicamos en intimidad con la gente.
-El lugar santísimo: es el yo espiritual, en el que nadie puede entrar.
Dios ha puesto una parte de nuestro hombre interior, de nuestro yo verdadero profundo, en la que nadie puede entrar porque fue hecha para encontrarse con lo íntimo de Dios solamente.
Cuando te violaron, abusaron, golpearon, lastimaron tu yo social; destruyeron tu yo personal-emocional, pero una parte en tu interior, tu yo espiritual, que nadie lo puede tocar. Hay una parte dentro tuyo que, cualquiera sea la circunstancia que hayas vivido, es inaccesible a la gente. Por eso a José lo destruyeron pero él se volvió a levantar, porque tanto José como David conocieron que hay una parte interior donde no pueden entrar esposa, esposo, hijos, nadie. Nuestro yo-espíritu nadie lo puede tocar, porque cuando ese yo-espíritu se conecta con el corazón de Dios, toda mi vida es restaurada.
Señor tu eres mi castillo, la plaga no tocará mi morada, dice David. ¿Por qué dice eso si muchos cristianos se murieron de plaga? ¿Por qué dice que no me pasará nada si a muchos hijos de Dios les pasa de todo? Porque David descubrió que todos tenemos una parte profunda que nadie puede tocar, el yo-espiritual, que no duerme, que es eterno, que fue hecho de un material indestructible, y solamente para conectarse con el corazón de Dios.
Cuando tu yo-espiritual profundo se conecta con el corazón del Padre, vivís una experiencia indescriptible; y aunque hayas sufrido en la vida, el enemigo no pudo tocar tu lugar santísimo por eso volverás a levantarte otra vez.
6º- Los soñadores conocemos la ley de la sincronicidad.
Sincronicidad es, cada vez que alguien decide algo en tu contra, simultánea y paralelamente, Dios decide un bien a tu favor.
Los hermanos se dijeron “vamos a tirarlo al pozo”, y Dios dijo “yo elijo el pozo”.
Los hermanos dijeron “vamos a venderlo”, Dios dijo “yo elijo quien lo compra”.
“Vamos a mandarlo a la cárcel”, Dios dijo: “yo elijo cual”.
“Vamos a tener un sueño”, Dios dice “yo elijo quien”.
Porque siempre que alguien decide algo en tu contra, Dios decide a tu favor, y no habrá mal que toque tu morada, todo terminará bien a los que amamos a Dios. Si alguien está pensando en hacerte mal, Dios está pensando en hacerte el bien.
7º- Los soñadores, cuidamos el kronos y el kairos.
Kronos es tiempo, la vida es tiempo, los muertos no tienen tiempo, el tiempo se llama presente, porque es un regalo.
Buscá nueve monedas, cada una de ellas representa una década de vida (tomamos como promedio, aproximadamente, una vida de noventa años); de acuerdo a la edad que tenés, quitá los años que ya viviste. (Si tenés cuarenta, sacá cuatro monedas; si cincuenta, cinco monedas). Las monedas que te quedaron en la mano son las décadas que te restan de vida. Algunos han devuelto varias monedas, otros tienen más, pero de todas formas debés dar gracias a Dios porque hay gente que no tiene ninguna.
Por eso, hay que tener en claro que todo lo que Dios haga en tu vida, lo hará en este tiempo. Hay tiempo que ya se fue, por eso debés cuidar -las monedas- los años que Dios te dio, no pierdas más tiempo.
Pega las monedas que te restan en tu Biblia y, cada vez que la leas, recordarás el tiempo que te falta. Recordá que los años pasan rápido, cuidá el tiempo, no te juntes con las mulas; perseguí cosas grandes, el tiempo pasa rápido. Cuando somos chicos el tiempo parece que no pasa pero después de los cuarenta… No te juntes con cabezones porque el tiempo pasa rápido; cuidá tu kronos, porque en el tiempo que te resta Dios cumplirá tus sueños.
Los soñadores también cuidan su kairos.
Kairos es la palabra tiempo en griego, pero no cronológico sino tiempo espiritual. La palabra dice que Dios nos regala a todos, tiempo material y tiempo espiritual, por eso debes cuidarlo porque en medio de tu tiempo Dios te dará oportunidades gloriosas.
-Cuando José estaba en su casa lideraba a sus hermanos, y Dios le dijo “aprendiste, liderar a los demás es facilísimo.”
-En el pozo estuvo solo, entonces Dios le dijo: “Ahora vas a aprender a liderarte vos mismo” (porque no podés liderar a otros, si primero no dominás tu propia vida).
-Luego, lo llevaron a la casa de Potifar, un hombre poderoso de Egipto, y Dios le dijo: “te voy a enseñar a liderar a gente rica, a autoridades, a los que lograron cosas, que tienen poder humano”.
-Luego lo metieron en la cárcel, y Dios le dijo: “Ahora aprenderás a liderar bajo presión, bajo estrés, bajo problemas, cuando te abandonan, porque si sabes administrar fracaso estarás listo para administrar éxito.”
-cuando aprendió la lección, lo llevaron al palacio a interpretar el sueño al faraón; y éste quedó tan impactado que le abrió la puerta, le puso una túnica blanca, y lo promocionó.
Te quiero decir: Faraón te esta esperando, viene el kairos de Dios, una oportunidad grande. Todo lo que tus hermanos no supieron valorar, un endemoniado como faraón sabrá reconocerlo.

Los hermanos le dijeron: José sos egoísta, y faraón le dijo: José estás lleno de Dios. La túnica de faraón no era la túnica de papá. Con la túnica de papá no necesitas agradar más nadie, porque El te ama y la túnica ya la tenés, pero la túnica de faraón es de promoción, en lo natural.
José estaba en la cárcel, lejos de Egipto, pero de repente faraón lo mandó llamar. No importa el lugar natural donde hoy estás, puede ser que estés en lo más profundo o puede ser que en los próximos minutos pases a ver tu sueño cumplido, porque el Dios que te dio el sueño, te tomará de la mano, hará que camines con Él en su intimidad, ungirá tus manos para la batalla; y un día faraón te dirá: “te estábamos esperando. Bienvenido, pasá a tener el pan para las naciones de la tierra.”
José tenía ciento diez años y, antes de morir, sus últimas palabras fueron otro sueño, le dijo a sus hermanos: Dios les va a dar la tierra que prometió a nuestros padres, a mí me van a embalsamar y entraré en mis huesos con ustedes. Porque cuando se cumplen los sueños, dejarás de herencia un sueño más grande que el que Dios te dio.
Dios te llevará hacia donde te dijo.
José soñó a los diecisiete años que su gavilla estaba erguida y las otras se inclinaban. Para que tu gavilla esté erguida, debes aprender a estar postrado y tener un corazón noble.
Cuando José les contó el sueño a sus hermanos, lo hizo como si ya fuese cumplido.
Tenés que ver tus sueños como ya cumplido, imaginalos así, y comenzá a celebrarlo, porque todo lo que celebres en tu presente, lo recibirás multiplicado en tu futuro.
Por Bernardo Stamateas

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