Parecida...¡pero diferente!

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13 de agosto de 2012

Mi cabeza ya no me responde como antes por Alejandra Stamateas


Mi cabeza ya no me responde como antes
por Alejandra Stamateas
Eso puede ser por varios motivos. Puede ser por el estrés, por las presiones, por la acumulación de presiones, de conflictos, de problemas. Puede ser por la edad, pero no es nuestro caso, el nuestro siempre es por presiones, por problemas, por dificultades. Nunca por la edad, nosotras siempre vamos de gloria en gloria, eso quiere decir que en vez de cumplir para más cumplimos para menos.

I Corintios 2:5, 
para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios. Hay un poder que te acompaña. Hay un poder que me acompaña siempre. Cuando caminás, caminás con el poder de Dios, cuando pensás, pensás con el poder de Dios, cuando hablás, hablás con el poder de Dios. Hay un poder que nos acompaña siempre.

No estamos solos, eso está buenísimo. No estamos solos. El poder de Dios nos acompaña. La mente humana es muy vaga. La mente humana es perezosa. Les conté que una vez que la mente aprende algo, le cuesta mucho desaprenderlo. Nos cuesta mucho dejar hábitos, soltar hábitos.
En el programa de Miami, me pedía el productor hablar de los pensamientos negativos. Me dice, acá con esta crisis económica que se nos vino, todo el mundo piensa negativamente. Todo el mundo está mal. Todo el mundo se copia del pensamiento negativo del otro. Y la mente una vez que atrapó un pensamiento, no lo quiere soltar.

Por eso tal vez pensás lo mismo hace años y no queremos aceptar el cambio. No nos gusta el cambio. El cambio tiene una cierta expectativa pero generalmente lo rechazamos. Por eso cuando nuestra mente comienza a funcionar de una manera diferente, cuando ya no nos salen las cosas como antes, cuando nuestro cuerpo se va desgastando, se va enfermando, no actúa como antes, va perdiendo elasticidad, nos da miedo porque nos da miedo el cambio, porque no sabemos qué trae ese cambio.

Dios siempre va a traer a mi vida cambios favorables. Nuestra mente se maneja con la fórmula más vale malo conocido que bueno por conocer. Y todo cambio nos resulta incómodo.
O sea que la gran lucha de nuestra mente es entre ser un odre viejo o un odre nuevo. Esa es la gran lucha. Esa es la pelea interna que tenemos en la mente. Pienso como antes o pienso de una manera nueva. ¿Cómo hago para pensar de una manera nueva? ¿Cómo hago para vivir mi vida, para tener pensamientos distintos a los que he tenido?

¿Qué es pensar como un odre viejo? Defender viejos esquemas de pensamiento. Bueno, siempre actué así. Siempre lo hice de esta manera. A mí siempre esto que hice me dio resultado. Eso es ser un odre viejo. Es no querer aprender nada nuevo. Y ser un odre nuevo es aprender a vivir con códigos espirituales. Hay respuestas espirituales para nuestros problemas terrenales. Y nuestra mente está en cambio porque todo el tiempo quiere descubrir cuáles son las respuestas espirituales para nuestros problemas cotidianos. Porque si usted resuelve sus problemas de todos los días como los resolvió siempre, se está perdiendo de la sabiduría de Dios. Y Dios tiene una respuesta espiritual para su problema natural.

¿Cómo resuelve un odre viejo sus problemas? Tal vez como lo hacían tus papás, como lo hacían tus abuelos. ¿Cómo resolvían o cómo resuelven tus padres sus crisis, sus problemas? ¿Cómo resolvían tus papás cuando había en casa un problema económico? ¿Se alteraban? ¿Perdían la confianza enseguida? ¿Iban y pedían un préstamo que después no podían pagar?
Acordate de algún problema económico que haya habido en tu casa en tu infancia. ¿Cómo lo resolvían o cómo lo enfrentaban tus padres? ¿Cómo lo enfrentaban tus abuelos? ¿Cómo en tu sistema familiar se resolvía ese problema económico? ¿Cómo se resolvía un problema de salud? Cuando alguien en tu casa estaba enfermo, ¿se hablaba de eso, no se hablaba, se escondía información? ¿Qué pasaba con un problema de salud? ¿Cómo se resolvía? ¿Había crisis? ¿Había llanto? ¿Había desesperación? ¿Había resignación?

Y bueno, esto es lo que tenemos que vivir, lo que nos tuvo que pasar, hay que soportarlo, hay que aguantarlo. ¿Cómo resolvía tu familia, tus padres, un problema con los hijos? Cuando tenían un problema con vos o un problema con tus hermanos, ¿cómo se resolvía esa crisis familiar, pegando, golpeando, gritando, encerrándote, prohibiéndote cosas?
Quiero que trates de recordar un poquito cómo se resolvían los conflictos en tu casa en la infancia. ¿Por qué? Porque tenemos metidos en nuestra mente un chip de cómo se resuelven los problemas, que es lo que aprendimos en la infancia. Así como veíamos a nuestros padres o a nuestros abuelos o a gente de nuestra familia resolver un conflicto, así lo resolvemos hoy.

Y si no lo resolvemos de la misma manera, lo resolvemos por oposición. O sea, como no quiero resolverlo como mi mamá o mi papá, hago todo lo contrario. Pero resolver por oposición no quiere decir que sea tu deseo. Es me opongo a, pero no sé en realidad cómo lo quiero resolver.
A veces no voy a elegir la pareja como eligió mi mamá, porque mi mama eligió mal, entonces elijo todo lo contrario, pero no es mi deseo. Elijo por oposición y elegir por oposición no es deseo. Porque a veces puedo elegir responder como mamá y papá porque lo deseo y porque lo anhelo y me parece bien, porque vi el resultado de ellos. La cosa es que todo pase por una decisión personal, por una decisión tuya.

¿Cómo resolvían tus padres sus problemas? Bajaban los brazos, los enfrentaban, se desesperaban, hacían teatro. Vieron que muchos padres hacían toda una escena teatral para resolver algo. Si una madre estaba enferma, te hacía toda una historia de por qué estaba enferma y te echaba la culpa de que su enfermedad era por los dolores de cabeza que le traías porque no te iba bien en la escuela. Se castigaban, te castigaban, hacían silencio, se metían para adentro, se deprimían.
¿Cómo hoy resolvés tus problemas? ¿Cuál es la actitud que usás para resolver tus conflictos? Te enojás, te metés para adentro, te peleás con todo el mundo, le echás la culpa a media humanidad de tus dramas, de tus historias, te desesperás, te hundís en un pozo depresivo. ¿Cómo resolvés hoy tus problemas? Y eso es muy importante que lo tengas presente. ¿Cuál es el problema por el que hoy estás pasando? ¿Estás tratando de resolverlo con los argumentos anteriores? Dios te dice, yo quiero que seas un odre nuevo. Tu mente no va a funcionar como antes, tu mente va a funcionar con la mente del rey.

Ahora te voy a hablar de una manera que tenemos las mujeres de resolver problemas, de enfrentar conflictos, que es una manera diabólica de resolverlos. Especialmente las mujeres. Tenemos otro párrafo para los hombres. Pero las mujeres especialmente tenemos una manera diabólica de funcionamiento de nuestra mente. Y esto tiene que ver con lo que nos enseñaron dentro de las iglesias y por la cultura machista que tenemos.

Me asombro de escuchar a las mujeres hispanas allá en Miami las historias de machismo que me cuentan. No lo puedo creer. Y usted ve que son todas mujeres independientes económicamente, mujeres que trabajan, mujeres que económicamente están muy bien. Pero sin embargo tienen unas luchas emocionales impresionantes.
Y el sistema diabólico del pensamiento que cayó en el mundo de las mujeres es el método de la sumisión. ¿Qué es pensar en forma sumisa? Tengo un problema y no tengo capacidad para resolverlo, por lo tanto, alguien me tiene que resolver a mí este problema, sea cual fuera, importante o no importante, pequeño o grande.

El sistema de sumisión te dice, no tengo capacidad suficiente para llevar este problema a un buen resultado. Por lo tanto, otro tiene que resolver el problema por mí. O me lo resolverá mi pastora, o me lo resolverá mi líder, o me lo resolverá mi marido, o me lo resolverá mi jefe, o me lo resolverá mi mamá, o me lo resolverá mi amiga, pero alguien de afuera tiene que venir y resolverme el problema, porque yo no tengo capacidad. Y tenemos que aprender a responder con inteligencia espiritual.
Yo tengo inteligencia espiritual. Inteligencia espiritual es sabiduría y dice la Biblia, dice la palabra de Dios en Santiago, que al que tiene falta de sabiduría que le pida a Dios. ¿Cuántas a veces frente a un problema sienten que no lo van a poder resolver? Dice, si no lo pueden resolver, si sienten que no tienen sabiduría, es fácil, porque la Biblia es sencilla. Al que tiene falta de sabiduría que le pida a Dios que da abundantemente y no te reprocha todo lo que te da. No es como un ex marido. Dios no es así. Él te da abundantemente y nunca te reprocha.

¿Cuántas quieren sabiduría? Sabiduría es inteligencia espiritual. Sabiduría es no idealizar. ¿Qué significa no idealizar? El otro sabe más que yo. La otra es más inteligente. El otro es mejor. El otro resuelve mejor los conflictos. Al otro siempre le va bien.
Cuando Eva fue creada, no fue creada porque Adán quería que Dios creara a Eva. Eva no fue creada porque Adán dijo, necesito una mujer. Eva no fue creada porque Adán se merecía una mujer. Eva fue creada porque Dios quería crear a la mujer para el sistema mundo que había creado. Dios dijo, yo quiero que esta mujer esté en el mundo que creé.

Vos y yo somos decisión de Dios, no decisión de nadie más. Fue iniciativa de Dios el trabajo, la idea y el placer de crearnos, fue totalmente de Dios. Dios te puso acá en la tierra y te sopló vida. Tu vida viene de Dios. Y esto nos lleva a un segundo punto, que el otro y yo compartimos la misma naturaleza. O sea, el otro no es superior a mí, no soy inferior a nadie, porque hemos sido creados por voluntad de Dios y no de personas.

Por lo tanto, no tengo que mirar en la vida a los otros como superiores porque el otro es de mi misma naturaleza, de mi misma esencia. O sea que tengo tanta capacidad para enfrentar la vida como cualquier otro. No soy menos que nadie y no soy más que nadie, porque hemos sido creados por voluntad de Dios.

Estaba en Miami y una chica ya me había escrito un correo antes de ir para allá. Con permiso de ella lo cuento. Me dice, Alejandra, tengo un programa de televisión allá en Miami. Y mi ex marido también tiene un programa de televisión. Los dos estamos en el mismo rubro. Mi ex marido volvió a hacer una pareja que también trabaja de lo mismo que nosotros.
Mi gran problema es que no sé si seguir adelante con el programa de televisión porque tengo miedo de competir con él. Y sé que él es muy bueno. Y él es muy bueno, entonces no voy a tener gente que me vea a mí. ¿Por qué? Porque es muy bueno en lo que hace. Y me estoy bajoneando y no sé cómo hacer.

O sea, ella usó un espíritu de sumisión. Le dejo el espacio a él porque es más bueno que yo. Y a mí la gente no me va a seguir. Entonces, renuncio. Es el gran conflicto del espíritu de sumisión. El otro tiene una mejor idea, entonces, mi idea la tiro al tacho, porque supuestamente la idea del otro es la mejor. El otro tiene mejores resoluciones para los problemas, así que la resolución que  pensaba que le iba a dar a este problema la tiro al tacho, porque él es mejor. Lo que dice mi amiga es mejor. Si mi amiga me dice que esa ropa me queda mejor que lo que elegí, mi amiga tiene razón.

Ese es el espíritu de sumisión. Si me voy a la peluquería y cuando salgo le pregunto a todo el mundo cómo me queda el corte y el otro me dice algo contrario a lo que decidí primero, el otro tiene razón, tiro mi gusto al tacho para aceptar el gusto del otro. Eso es sumisión.
Cuando tuve la oportunidad de verla en Miami y que nos conocimos, porque la conocía por correo nada más, le digo, no dejes tu lugar, no dejes tu lugar. Nunca te compares. Si tu ex es bueno, también sos buena. Y vas a abarcar un nicho, un grupo de gente que tu marido no abarca, porque decís las cosas de otra manera. Tenés un estilo diferente. Fuiste creada por Dios con un estilo diferente, con una forma distinta de hacer las cosas.

Entonces, no te compares. Hacé lo que tengas que hacer, pero capturá el grupo de gente que sí te va a seguir y que no lo va a seguir a él, porque él capta otro grupo de gente. Ambos son buenos y ninguno tiene que dejar su lugar. Ay, me dice, me tranquilizás. Voy a seguir adelante.
Te va a costar, porque el espíritu de sumisión siempre te va a hacer comparar, el espíritu de sumisión siempre te va a hacer creer que el otro es mejor, que tenés que abandonar la carrera. ¿Se entiende lo que hace este espíritu en las mujeres especialmente? Pasa en los hombres también cuando hay un hombre que se siente intelectualmente inferior, físicamente inferior, que tiene talento, pero el talento no es como el del otro, que el otro le supera en el talento. Prefieren correrse en lugar de seguir en la carrera y decir, voy a hacer lo que tengo que hacer porque soy distinto. Dios me ha dado cualidades personales y tengo tanta inteligencia, capacidad y sabiduría como cualquier otro.

Cuando se te presente un problema, no pienses ni como tu mamá, ni como tu papá, ni como lo resolvería tu hijo o tu hija. Hoy hay mucha dependencia de los padres con respecto a los hijos, porque los hijos saben manejar todo lo último, la tecnología, como nosotros no sabemos. Y pareciera que la palabra de ellos es palabra autoritativa. Y les pedimos ayuda y de a poco vamos perdiendo la capacidad de decidir nosotros, porque lo dijo mi hija, me lo dijo mi hijo.
Ellos tienen más conocimiento, tienen más saber, por lo tanto lo mío debe estar errado y así después nos cuesta ponerles límites a nuestros hijos, porque creemos que nuestros hijos siempre tienen la razón. Y nos convencen tan bien.

Tengo inteligencia espiritual. El otro y yo compartimos la misma esencia y la misma naturaleza. Sabiduría es mirar al otro desnudo. Luego de la caída, fueron abiertos los ojos de ambos y vieron que estaban desnudos. Podés ver la desnudez del otro. ¿Qué significa ver la desnudez del otro? Sacarle al otro todo lo que le pudiste. Desvestirlo. Pero desvestirlo de lo que le pusiste vos.
Nosotros vemos a alguien, nos relacionamos con alguien y enseguida decimos, es inteligente, tiene títulos, estudió, sabe inglés, tiene experiencia con los hijos, sabe aquello, estuvo en tal lugar, viajó por todo el mundo, tiene dinero, tiene una empresa y le vamos colocando y le vamos poniendo encima, construyendo un montón de cosas que revisten a esa persona.
Pero dice la Biblia que después de la caída hay una habilidad que tenemos los seres humanos, que es mirar al otro tal cual es. Podemos mirar al otro con su desnudez. O sea, sin todo eso que le pusimos. Y las mujeres somos expertas en adornar hombres. Lo vemos la primera vez y ya le pusimos de todo. Es musculoso, el hombre nada, ni en el dedo gordo tiene músculos, es fuerte, es valiente, es comprensivo, acaricia un nene y vos, que dulce que es con los chicos, es un amor. Y nos encanta disfrazar a otros.
Sabiduría es sacarle todo eso que le pusimos y verlo desnudo, metafóricamente. Podemos ver la desnudez del otro, podemos ver al otro sin todo lo que le construimos encima, esa persona es más capaz, es más sabia, le sale mejor, resuelve mejor las cosas. ¿Por qué no mirás desnuda a esa persona y ves que también tiene sus luchas? A veces acertó y a veces se equivocó, a veces le fue bien y a veces le fue mal.

No hacemos del otro un dios, porque el gran problema es que hacemos de la gente dioses y después los ídolos que levantamos se nos caen encima y nos matan, nos rompen la cabeza. Viste a alguien, te dijo dos palabras, ah, qué sabiduría. Pero esa persona pasó por situaciones difíciles y hubo momentos en que fue necio o necia, hubo momentos en que fue tonto, o tonta, tuvo momentos en que metió la pata y hubo momentos en que le fue muy bien.
Dejá de adornarle a la gente porque somos de la misma esencia. Dejá de otorgarle poder a los demás. Somos nosotros los que le otorgamos poder a los demás. Y usted tiene que saberse sabio y si no tiene sabiduría, pídasela a Dios, que da abundantemente y sin reproche. Odre viejo fuera de mi vida.

Así respondía mi papá. Cuando había una crisis económica respondía de esta manera. Así respondía mi mamá, cuando tenía una crisis afectiva, se emborrachaba. Así respondía mi abuela, cuando tenía un problema de salud, se escondía y no quería ver a nadie. Pero ellos tuvieron su vida y Dios a mí me dio una vida diferente, con situaciones distintas a las que tengo que enfrentar con inteligencia espiritual, porque para eso un día me tomé de la mano del Señor, para tener inteligencia del cielo.
Ser odre nuevo, ¿cuántos quieren ser odres nuevos? Sí, tu cabeza no piensa como antes, claro que sí, por todo lo que dijimos antes, por el estrés, por los conflictos, o por las crisis, por las presiones, por la edad. No responde, pero Dios te dice, te estoy haciendo un odre nuevo.
Quiero que mires ahora la vida de una manera distinta. Mirás la vida de una manera a los diez años, de otra manera a los veinte, de otra manera a los cuarenta, de otra manera a los sesenta, porque Dios siempre quiere que seas un odre nuevo. Dejá de ser figurita repetida porque hasta vos te aburrís. ¿Cuántas veces te aburriste de vos misma por hacer siempre lo mismo?
Entonces decile, Señor, quiero ser un odre nuevo. Señor, quiero ser un odre nuevo. ¿Y qué es un odre nuevo? Es una persona que no mira para atrás, que no mira para los costados, que no levanta altares, que no levanta ídolos, sino que es una persona que mira al cielo. Dice el Salmo 91, él me invocará, y yo le responderé. Mire qué sencilla que es la palabra. Él me invocará  y yo le responderé.

Vos le hablás a Dios, lo provocás a Dios. Decile, Dios, dame sabiduría para resolver este problema y él responde. Es así de sencillo. Así de simple es la palabra de Dios. Tenés que aprender a valorar a la gente, pero no a sobrevalorarla. Y se los digo primero porque he sobrevalorado a mucha gente, y así me frustré, porque ponía mucha expectativa en mucha gente.
Y es más, hasta le ponía más expectativa y siempre pensaba que esa persona podía lograr más de lo que estaba demostrando. Y decía, voy a sacar de esa persona lo mejor. ¿Te pasó eso alguna vez? Y esa persona es un tesoro que está escondido. El problema es que el tesoro no aparecía nunca. Y sobrevaloré mucho a la gente y le puse mucha frases diciendo que era bárbara, que esto, qué sabia, mirá como responde, mirá qué buena, mirá lo que hizo, lo que logró y siempre ponía, hasta que me frustraba y me defraudaba. Y eso me hacía poner cada vez más dura y más rencorosa.

Hasta que me di cuenta que el problema lo tenía yo, no lo tenía el otro. Al otro le encanta que le pongas cosas, claro que sí. Pero el problema del adorno lo ponés vos. Si lo querés adornar lo adornás. Entonces, valorá a otros pero no los sobrevalores.
Por el otro lado, mucha gente me ha sobrevalorado a mí, y yo nunca entendía, ah, porque usted, ídola, amada, o usted me cambió la vida. Yo no cambio la vida de nadie. ¿A usted le parece que yo con veinte, cuarenta minutos que estoy acá le puedo cambiar la vida a alguien? La vida se la cambia Dios a la gente, porque usted quiere. Yo no cambio la vida de nadie. Pero es así.
Cuando la gente te sobrevalora, a mí me da miedo, porque esa gente me está sobrevalorando y un día me van a ver hacer algo que no les gusta, porque hago cosas que no te tienen por qué gustar a vos. Vos sobrevalorás y sé que esa persona que me sobrevalora, va a venir un día, me va a tirar abajo y me va a reventar con las palabras. Entonces, ¿para qué la sobrevaloración? Si estamos en este mundo, hemos sido creados por voluntad de Dios y todos hemos sido soplados con la vida de Dios. Estamos hechos de la misma naturaleza del rey.
Valórate a vos misma, dominá tu alma, negociá con vos, dominá toda tu alma, dominá tus miedos. I Corintios 2:5 dice que nuestra fe está fundada en el poder de Dios y no en sabiduría humana. Si resuelvo algo bien, es porque me tomé de la mano del todopoderoso y le dije, Señor, no tengo la más mínima idea,  decime cómo.

Cada vez que voy a Miami, no tengo ni la más mínima idea, exactamente así. Voy a Miami y no tengo la más mínima idea de qué va a pasar, cómo va a ser, qué piensan, cómo se van a abrir las puertas. Pero siempre digo, Señor, estoy obedeciendo, hago lo que me dijiste y acá estoy, acá estoy Señor. Y me diste sabiduría, y voy a poner esa sabiduría a tu servicio. Así que vamos juntos Señor, vamos juntos, porque no es el poder de la gente, no es la sabiduría de la gente, no es la inteligencia de la gente, es el poder de Dios. Hay un poder que nos acompaña.
Cuando llegué a CNN, hablé con una de las productoras que siempre me recibe y me dice, qué tal, Alejandra, ¿cómo estás? Yo estaba con un ataque al hígado de aquellos encima. Había comido algo que me cayó mal, muy condimentado. Vieron cómo es la comida mexicana, no sé qué había comido, y le digo, mirá, vinimos recién de Telemundo. Y me dice, ya lo sé, sé todo tu recorrido. Acá se habla mucho de lo que hacés vos, se habla mucho de lo que hacés vos. Casi no me conocen acá, y parece que ahora me conocen allá.

Y ahí me di cuenta que ese es el poder de Dios. El poder de Dios hace que se hable de vos, hace que se cuente de vos, porque hay propósito. Así que no te preocupes, porque estás tomado de la mano del poderoso. El que tiene poder camina con vos, así que no te preocupes ni en que te escuchen, no te escuchen, dejá que Dios rumorea todo el mundo. Dios se encarga de correr el chisme sobre tu vida y de que estás haciendo cosas grandes para él.
Por eso, acordate, negociá con vos, dominá tus miedos, dominá ese espíritu de sumisión que viene a tu vida a cada rato a decirte que lo tuyo es poco, que lo tuyo es pobre, que sos poco, cuidado porque vas a perder esto, negociá con vos. Si pensás fuerte, vas a tener respuesta fuerte, si pensás poder, vas a tener respuesta de poder, todo depende de vos.
¿Vieron que salieron unos cuentos hace unos años atrás que tienen tres finales y uno tiene que elegir el final que quiere? ¿Los leyeron alguna vez? Son cuentos para chicos, historias. Viene la historia y después hay tres finales y elegís el final que más te guste. Así es nuestra vida, podés elegir el final que más te guste para cada problema. Elegís si lo vas a resolver bien o si lo vas a resolver mal. Elegís si va a haber poder y si va a haber un milagro en esto o si va a pasar desapercibido. Elegís el final de la historia. Porque un día te tomaste de la mano de poderoso y el poderoso camina con nosotros.

Mateo 18:18, les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. Usted y yo tenemos poder en dos lugares, en la tierra y en el cielo. Hay dos ámbitos de poder. Mire el poder que nos acompaña, que podemos atar algo en la tierra y queda atado en el cielo y podemos desatar algo y queda desatado en el cielo.
Hay poder en dos territorios. Usted y yo hemos sido creados para soltar poder espiritual, para resolver nuestros problemas con inteligencia espiritual, con la sabiduría del cielo y eso no lo tienen algunos, lo tenemos todos los que nos atrevemos a pedirle sabiduría al único que puede soltarnos sabiduría, al rey de reyes y al señor de los señores.
Ate sus pensamientos negativos y no los desate más. Átelos. Y átese a la promesa de Dios, porque le va a ir bien sí o sí. Tiene que tener y caminar con esa tranquilidad que le va a ir bien sí o sí. Usted determina el final del cuento. Usted elige cuál es el final. Y aunque no vea nada, le va a ir bien porque camina con el poderoso.

Isaías 26:3, al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía. Al de carácter firme. No al que dice un día una cosa y al otro día otra, y no, no sé, ¿y te parece esta decisión que tomé? ¿Y lo hago o no lo hago? ¿Lo digo o no lo digo? ¿Voy o no voy? ¿Qué hago? Al de carácter firme. Mirá, esto lo hago, yo no sé si será correcto, no sé si estoy tomando la mejor decisión, no sé si estoy caminando por el mejor camino, pero una cosa sé, que camino con el poderoso, así que voy a estar firme, porque cuando estás firme, la paz de Dios viene a tu vida. Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía. La gente firme vive con paz.
Un día Dios lo llamó a Moisés para liberar al pueblo de la esclavitud. Y Moisés le dijo, Dios, me elegiste mal. No puedo, no soy el hombre indicado, soy torpe de lengua, me cuesta hablar, me paro delante de la gente y me tiemblan las piernas, me pongo a tartamudear, repito treinta mil veces las cosas. ¿Cómo le voy a ir a hablar a alguien tan grande como Faraón?

¿Y saben qué le contestó Dios? Tu tartamudez es un detalle para mí, es simplemente un detalle. Ay Dios, es que se me nubla la mente. Ya no pienso como antes. Y Dios te dice, es un detalle para mí. Ay, es que se me pone la mente en blanco. Es un detalle para mí. Es que no me acuerdo de las cosas, me olvido. Es un detalle para mí. Ay, pero Señor, ¿cómo hago? Es un detalle para mí. Ay, es que soy tan tonta, cuando me pongo nerviosa, me río. Es un detalle para mí.
Para Dios todo eso es un detalle, porque él está buscando gente leal. Gente leal no es gente perfecta, sino gente que sea fiel a él. Y nosotras y los varones somos gente fiel a nuestro Dios. Y Dios está mirando y dice que va buscando por la tierra gente leal. Lo demás, todos tus problemas, tus errores, tus conflictos, tus defectos, son un detalle para Dios que no le hace mella en el gran propósito que tiene para tu vida.

Si caminás con el poderoso, vas de la mano con el poder. ¿De qué preocuparte entonces? Ah, sí, mis padres resolvían, cuando tengas que tomar una decisión no busques en tu mente primero la respuesta que tu papá te daría, porque eso te va a limitar, porque tu papá es tu papá, tuvo sus problemas, sus luchas y su manera de ver la vida. Y eso le sirvió a él. Gloria a Dios.
Cuando tengas un problema por resolver, no vayas y busques en tu mente el chip de tu mamá, cómo lo resolvería tu mamá, porque tu mamá tenía una manera, tenía una vida, tenía sus problemas y resolvió como pudo. Le sirvió o no, pero es tu mamá. Tampoco vayas atrás y busques cómo lo resolvería tu hermana, tu hermano, que te parece más inteligente porque estudió más, porque tiene título, o cómo lo resolvería tu ex.

Hay mujeres que tienen ex pero todavía piensan cómo resolvería él los problemas, porque te dijo que eras una tonta, que no sabías resolver. ¿Cómo lo haría él? ¿Qué pensaría? ¿Qué diría? ¿O cómo lo resolvería mi pareja actual? No, sacá todo eso.
Odre nuevo. Mira para arriba, ni para atrás ni para los costados. Mira para arriba. Dios, ¿cómo vas a resolver esto? Y yo camino de tu mano. Quiero ser un odre nuevo. Dame una respuesta nueva, porque soy tu hija. Yo soy diferente a todos los demás. Me creaste con un propósito único y los caminos que me diste a mí son distintos a los caminos de ellos. Agradezco por su sabiduría, agradezco por sus enseñanzas, pero voy por tu respuesta. Voy por tu bendición.

Yo aprendí de ver a mi mamá y a mi papá, obvio, y mi mamá cada vez que tenía que resolver un problema, si esto lo escucha me mata, que no llegue a sus manos, cada vez que tenía que resolver un problema, ella era muy complaciente con todo el mundo.
Siempre con una sonrisa, siempre tratando de bajar la voz para parecer sumisa y quedar bien con todo el mundo. Siempre tratando de sonreírle a todo el mundo. ¿Se imaginan qué carga que era para mí que lo que menos tenía ganas era de sonreír y de ser amable con todo el mundo? No quería. Yo quería ser amable con los que quería, no con todo el mundo.

Así que para mí fue muy difícil irme al otro extremo, porque sabía que me iba al otro extremo, lo estaba eligiendo, era por oposición, y por oposición no es elección. Pero sabía que tenía cosas de mi mamá como tengo cosas de mi papá. Lo sabía. Entonces tenía que hacer mi modelo. No por oposición sino mi modelo. Mi modelo. Y tuve que luchar mucho para sacarme la sonrisa que tenía acá adentro de mi mamá, de que cada vez que vas a pedir algo o a hablar con alguien algo tenés que obtener de esa persona. Entonces, sé amable, sumisa y buena. Y tuve mucha lucha interna para sacarme eso.
Hasta que decidí ser como yo quería, amable con quienes quería ser amable y no amable con los que no me interesaba ser amable y empezar a bajar a la gente del pedestal. Bajarla, bajarla, pero no bajarla para humillarla, bajarla para saber que somos iguales, que nos vemos desnudos y que en definitiva todo lo que el otro logró, lo logró con aciertos y errores como todo lo que he logrado, lo logré con aciertos y errores en la vida. Porque para eso estamos en la vida. Pero la diferencia es que caminamos con el poder de Dios.

A tal punto que cuando llego al hotel en Miami para dar la conferencia el viernes a la noche, me estaba esperando un señor. No sabía quién era, y me lo presentan. Y me dicen, es el intendente del Doral. El Doral es como un barrio allí, donde está el hotel donde daba la charla. El señor es el intendente. Y yo, mucho gusto, no me di cuenta que me decía que era el intendente de la ciudad. Y me vino a saludar porque yo en su ciudad iba a dar una conferencia. Y lo saludé como si saludara a alguien conocido, hola, mucho gusto. Y me estaban poniendo el micrófono y no podía hablar mucho porque se escuchaba dentro de la sala. Gracias, gracias. Para lo que usted necesite.
Cuando terminé digo, ¿era el intendente de la ciudad? Sí. No me di cuenta. No me di cuenta. Y dije, Señor, si tenés que hacer algo con este hombre, porque me lo trajiste hasta acá, Señor, así no se saluda a un intendente. Estoy un poquito mal, pero no me di cuenta. No lo hice a propósito. Me salió del corazón, porque fue mi manera de reaccionar. Pero Señor, si lo trajiste, yo camino con vos. Así que vos, andá a la oficina de él y hablale lo que le tengas que hablar con respecto a mí y lo que él tiene que ofrecer. ¿Para qué? Para agrandar el reino de Dios. Así que eso está en tus manos, Señor. Así que esperamos respuesta. Desentendete. Si lo ven por ahí, salúdenlo de mi parte.
Quiero que pienses ahora qué cosas tenés de tu mamá, de tu papá, de alguien, de tus hijos, quiero que lo pienses. Y quiero que agarres fuerza ahora, tomes fuerza, y digas, Dios me ha dado sabiduría. Ese problema por el que estoy pasando, lo voy a resolver yo. Me salga como me salga. No voy a ser necia, voy a escuchar lo que me dicen los demás. Pero si hay algo que viene a mi mente y me dice que vaya por este camino, ese es Dios hablándome, es el Espíritu Santo que está conmigo, es el poder de Dios que está conmigo.

Lo voy a hacer, a ver si me atrevo a desprenderme un poquito de lo que otros hicieron. Seguí tu camino. Dios te va a bendecir, porque tu camino es único en el mundo, nadie más lo va a hacer, nadie más lo va a repetir. Atrevete a pensar por tus propios medios, porque hay una sabiduría espiritual dentro de vos, y si te falta sabiduría, levantá los brazos, decile, Señor, dame sabiduría, que das mucho y encima no me reprochás nada.
Vamos a orar por ese problema. Vas a pedirle a Dios que te dé esa sabiduría para resolver tus conflictos como vos y no como tu ex, no como tu mamá, no como tu papá, no como tus hijos, no como tu amiga, sino como vos. Ponele punto final a la manera en que vas a resolver tus problemas.

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