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19 de noviembre de 2011

Creo que estoy al borde de la locura, ayúdenme por Alejandra Stamateas

Creo que estoy al borde de la locura, ayúdenme
por Alejandra Stamateas

He dicho varias veces esa frase, hay muchas mujeres u hombres que lo han dicho, creo que me estoy volviendo loco o loca.
Así se sentía David en un momento donde parecía que ya nadie lo podía ayudar, y muchas veces sentimos esto que sentía David. Nos parece que los problemas nos van a superar y que en cualquier momento vamos a perder la razón.
Quiero hablar especialmente a las mujeres, y quiero decirte que para una mujer es imposible volverse loca.
Te voy a hablar cuáles son los síntomas de la esquizofrenia. Estuve investigando un poco y los síntomas son:
• Pensamientos desorganizados, ¿alguna tiene alguna vez esto? Pero no te preocupes, porque las mujeres no podemos volvernos loca.
• Ideas delirantes, por ejemplo, me quiero ir a Arabia y no aparecer por cinco meses.
• Alucinaciones visuales y auditivas. Por ejemplo, visual: estoy viendo a Brad Pitt, no a mi marido, o auditivas, querida, nos vamos a Europa. Es una alucinación auditiva.
• Vocabulario desorganizado incoherente: Ufa sí te dije mirá, pero igual no me puedo volver loca porque soy mujer.
• Comportamientos catatónicos, inmovilidad motora o mucha actividad motora excesiva. Por ejemplo, los nenes pequeños se levantan muy temprano.
Por todo eso te podés considerar loca, pero hay un requisito que no vamos a cumplir nunca las mujeres. Por eso, los hombre sí pueden enloquecer y las mujeres no, por la "abulia o alogia", falta o disminución del habla. No me puedo volver loca porque a las mujeres nunca nos va a pasar esto, ni la falta ni la disminución del habla.
Todos pasamos por etapas en donde creemos que vamos a enloquecer, pero en realidad, eso no es locura, estamos pasando por una "etapa de ansiedad" que confundimos con locura, pero es una ansiedad exagerada, elevada, sentís que la vida se te complica, que no vas a poder manejar un montón de cosas.
Pensamos muy rápido, muchas veces pensamos cosas sin sentido, ilógicas, incoherentes, matar a alguien, matarnos nosotros, irnos a vivir a otro país, vender la casa, cosas incoherentes. Creemos que vamos a perder el control, pero en realidad, estamos muy apegados a la realidad, y una persona loca, una persona esquizofrénica, es todo lo contrario, no está pegada a la realidad, vive en una irrealidad.
En cambio nosotros, los que tenemos una ansiedad exagerada, vivimos muy pegados y preocupados por la realidad, que supuestamente lo podemos resolver, o sea, que estamos sobrecargados, y el gran problema es que no nos damos permiso para sanarnos, no nos damos el tiempo para poder sanarnos, porque decimos, esto no me puede estar pasando a mí, no puedo estar viviendo estas situaciones. Como no nos damos permiso, seguimos, la rueda sigue girando, los problemas siguen viniendo, se suman otros problemas, no hay soluciones, las cosas irresueltas siguen en nuestra vida, porque no nos damos ese permiso para parar, detenernos y empezar a pensar cómo vamos a resolver esas situaciones coherentemente.
Quiero hablar de un síntoma que tienen los corredores de maratones. ¿Alguna corrió alguna vez una maratón?
Una maratón son cuarenta y un kilómetros. Los corredores de maratones tienen un síntoma que se produce a los treinta kilómetros. Cuando corrieron los treinta kilómetros, al llegar al kilómetro treinta, treinta y uno, treinta y cinco, ocurre el fenómeno que se llama "la pared". El cuerpo tiene reservas de glucógeno. Se van usando cuando la persona está haciendo algo físico, en este caso, correr. Cuando esas reservas se agotan, se acaban, tienen que cambiar, buscar otras reservas.
El cuerpo busca las reservas que tenemos en el cuerpo, que son la grasa, por eso, cuando hacés ejercicio, tenés que hacer hasta que te duela y estés cansado, porque recién ahí empezás a bajar de peso, a bajar calorías, a quemar grasas, cuando ya hiciste un esfuerzo más allá de tu propia fuerza.
A los treinta y un kilómetros, el corredor se encuentra con esta pared, como que el cuerpo y la mente ya no te responden, el cuerpo empieza a hacer ese cambio, y en ese momento, el maratonista quiere o dejar todo o le agarra una angustia porque cree que no va a poder llegar a la meta, dice, ya no puedo más. Y es la mente la que empieza a funcionar en contra de ese maratonista, por eso dicen que si puede superarlo con la mente, puede seguir adelante en la carrera y correr los diez kilómetros que le restan. Hay un agotamiento extremo y hay una depresión anímica.
¿Cuántos se sintieron así alguna vez? ¿Cuántos sintieron que faltaba poquito para lograr algo y estabas agotado o agotada? ¿Cuántos se encontraron con la pared alguna vez? ¿Cuántos se chocaron con la pared? Porque muchas veces abandonamos en la pared, decidimos, basta, ya no corro más, no puedo más, no puedo seguir en esta situación, voy a terminar loco internado en un hospital psiquiátrico, voy a tener que tomar miles de remedios porque la cabeza ya no me funciona.
Esto es lo que le pasa a los maratonistas, ya allí la mente juega un papel muy importante, porque la mente es la que está dominando en ese momento. Si la mente dice basta, tu cuerpo va a decir basta, pero si la mente dice, tengo que pasar este momento, va a llegar al éxito. ¿Cuántos quieren llegar al éxito? ¿Cuántos quieren lograr las metas? ¿Cuántos quieren pagar las deudas? ¿Cuántos quieren que a sus hijos les vaya bien? ¿Cuántos quieren que sus hijos terminen la carrera? Date un aplauso porque vas a atravesar la pared.
¿Cómo hacemos para atravesar esa pared? ¿Cómo hacemos para seguir corriendo? Estamos en el mes de septiembre, parece que los problemas vienen desde principio de año, se va el año, voy a seguir en la misma situación, es el mes del crecimiento pero no he progresado nada en ninguna área de mi vida, al contrario, estoy peor que antes, y ahora estoy con menos fuerza que antes, estoy más cansada que antes, que en enero cuando empezamos con alegría. Ahora no tengo ni ganas, ni siquiera de soñar algo. Vamos a ver cómo podemos hacer para traspasar la pared.
Primero: tengo que focalizar. ¿Qué tenés que hacer entonces para atravesar la pared? Focalizar.
Tengo dos situaciones de mi vida, puede ser un problema económico, y la otra, un problema familiar y estoy yo. Supongamos que estas pelotitas que tengo fueran de cristal, y las otras no. Empezá a hacer malabarismos con las tres pelotitas, tratá de tirarlas para arriba y agarrar lo que puedas. Se cayó el problema familiar, ¿pasó algo? No ahora, ¿qué pasaría si esta pelotita es de cristal y se cae? Se rompe o se puede rayar. Vamos de nuevo tratando de que esa no se caiga, es más complicado ahora.
Tenemos que entender que hay muchas cosas en la vida que podemos descuidar y si se caen no pasa nada. El gran problema es que creemos que tenemos que hacer malabarismos con nuestras cosas en la vida todo el tiempo. Y eso es lo que te hace sentir que vas a enloquecer, porque sos la encargada de..., la responsable de..., la que tenés que ir para allá, la que tenés que mantener la casa, el que tiene que mantener la casa de la mamá, el que le tiene que mandar plata a su familia en una provincia porque no tienen para comer. Empezás a hacer malabarismos con todo y lamentablemente, en algún momento tu vida se va a terminar rompiendo, tu mente se va a terminar destruyendo, porque sos la más importante.
Tenés que saber qué es lo más importante para cuidar tu vida y qué otras cosas, si se caen, no pasa nada. El problema es que no podemos entender que hay cosas que las tenemos que soltar, porque si no soltás lo más importante y valioso que es tu vida, se va a terminar rompiendo. Mi vida es lo más importante, puedo dejar de lavar los platos, ¿o se va a morir alguien porque no lave los platos? ¿Seguro? No, porque todavía hay gente que dice, por ejemplo tu mamá, no lavaste los platos de ayer, vine a tu casa a revisarte las cosas que no hacés.
Puedo no lavar los platos, porque no va a pasar nada, pero no puedo dejar de ir al médico para chequear mi salud, porque soy lo más importante. No puedo dejar que mi cuerpo se arruine porque no voy al médico, porque no me cuido, porque vivo fumando, porque vivo tomando, porque vivo yendo de un lado al otro con un estrés impresionante. Entonces, estoy dejando caer lo más importante que es mi vida.
Dejá de hacer malabarismos y empezá a poner lo más importante delante de tus ojos, y lo más importante sos vos. Lo más importante soy yo. Focalizá qué cosas hacés en el día que no tenés porqué hacerlas. ¿De qué te hiciste cargo en la vida que no te corresponde? Y tal vez te olvidaste de vos. Empezá a levantarte en la vida, mirate al espejo y preguntate, ¿qué me falta? ¿Qué es lo que perdí? ¿Cómo puede ser que tenga cinco dientes, que no tenga dos muelas? ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que me haya descuidado tanto? ¿Cómo puede ser que esté perdiendo el pelo de la manera en la que lo estoy perdiendo? ¿Cómo puede ser, mi cuerpo es un flan? No puede ser. ¿Cuántos reconocen todo eso?, porque te pareció que tenías que hacer malabarismos, y estabas en el medio, y en algún momento caíste, y en algún momento te arruinaste.
¿Hace cuánto no te hacés un chequeo médico? Te lo voy a seguir diciendo hasta que vayas y te lo hagas, porque sos el ser más importante de este mundo, porque sos valiosa, porque sos valioso. ¿Cuánto tiempo vas a seguir comiendo compulsivamente y arruinándote la salud? Dejá lo demás, porque si lo demás se cae no pasa nada. Tenés que chequear qué es lo otro con lo que estás haciendo malabarismo que si se cae no pasa nada. Dejalo caer de tus manos, pero nunca te dejes caer, porque sos lo más importante.
Primero, focalizar y el foco tiene que estar en vos, en mí.
Segundo lugar: tengo que diferenciar preocupación de responsabilidad. Te preocupás por un montón de cosas que no son tu responsabilidad.
Hay un montón de preocupaciones que te están reventando la cabeza, que te hacen creer que te vas a volver loca, porque tenés carga adicional en tu mente. Tu cabeza pesa más de lo que tiene que pensar por la carga adicional que llevás adentro. Te preocupás por un montón de cosas, pero no todo es responsabilidad tuya, y tenés que saber la diferencia. ¿De qué soy responsable?
Hay gente que se preocupa por el vecino, se hace responsable por el hijo del vecino, si la hija de la vecina se peleó con el novio cita al novio para que la trate bien a la hija de la vecina, y se meten en cosas que no se tienen que meter. No seas metido, no seas metida, hacete cargo de tu vida. Hay gente que le encanta meterse en la vida de los demás, y tienen tanta carga interna y se hacen responsables de algo por lo que no tienen que hacerse responsables. Puedo pensar en mi problema, pero puedo pensar en el problema del otro y no hacerme cargo.
¿Cuáles son los problemas que estás teniendo en tu mente ahora, pero de los que no sos responsable? Por ejemplo, mi hija que se casó, ese nene que lo tiene todo sucio. ¿Es tu responsabilidad el hijo de tu hija? ¿O ya como mamá fuiste responsable? Mi hijo no estudia. ¿Tenés que estudiar por él? Tenés que ver que se siente a estudiar él.
Hay tantas preocupaciones sin resolver de cosas que no sos responsable. Dejá que el otro, que es responsable, se haga cargo, y esto lo hablo especialmente para nosotras las mujeres que nos hacemos responsables de todo el mundo, porque creemos que tenemos que resolverle la vida a todo el mundo, porque si se la resolvemos a todo el mundo, (trampita) todo el mundo nos va a querer y nos va a necesitar. No te hagas responsable de lo que no te corresponde, soltalo.
¿Quién es la persona más importante? Yo. Si estás bien, los demás van a estar bien.
En segundo lugar, hacete responsable de lo que solamente tenés responsabilidad, deja a la otra persona, no te metas en la vida de otra persona. Dice un proverbio, meterse en la vida de otra persona es como querer agarrar a un perro por las orejas. (Andá a agarrar a un perro por las orejas, mira lo que te hace) En la vida te va a pasar eso si seguís metiéndote en la vida de otra persona, si seguís asumiendo la responsabilidad que no te corresponde. Yo al nene le busco trabajo pastora, le compro el diario a las cinco de la mañana, se lo subrayo, le recorto, llamo por teléfono. El nene tiene cuarenta años, que se haga responsable de buscar trabajo solo.
Quiero hablarles a las abuelas que son hiperresponsables y se preocupan por cosas que no tienen que preocuparse. Hacete cargo de tu vida, no digas es que mi marido si no se cuida... es grandote, que se aprenda a cuidar él, pero dejá de hacerte responsable por todo.
¿Cómo hago con mis preocupaciones? Mirá, es fácil, porque la Biblia es sencilla, dice así: "no se inquieten por nada, más bien, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias".
Tenés un problema que es tu responsabilidad, que lo tenés que resolver y no sabés cómo, pero es tu responsabilidad. No es que te agarraste la responsabilidad de tu hijo, de tu vecino, del trabajo, de tu marido, no, no, no, hay algo que podés identificar que es puramente tu responsabilidad. Dice en la Biblia: "no se inquieten por nada, presenten sus peticiones a Dios y enseguida denle gracias", porque cuando le decís, metés a Dios en tu vida, en tu problema, y hacés de tu problema el problema de Dios, Dios se encarga.
Dale gracias: mirá Señor, esto es lo que me inquieta, mirá Jesús, este problema es mío y no sé cómo resolverlo, soy responsable de esta situación, de este territorio, de este trabajo, de esta situación, soy responsable y sé que tengo que hacer algo, pero no sé qué, entonces, te lo entrego y te doy gracias, Señor, porque sé que lo vas a hacer. ¿Es muy difícil hacer eso? Porque eso va a hacer que tu mente descanse.
¿Cuál es tu mayor responsabilidad que no podés resolver hoy? El desorden, tal vez te estás haciendo cargo de la felicidad de tu mamá porque tu papá no está y te olvidaste de vos, estás haciendo malabarismos y te olvidaste de vos. Quiero que cada uno piense cuál es su preocupación más grande, y una vez que la tengan, hagan lo que dice en la Biblia, no te inquietes, presentá tu petición a Dios y dale gracias. Presentale tu petición.
Dios, necesito resolver esto. Dios, necesito una casa, la necesito en tal barrio porque tengo que llevar a mis hijos a la escuela, está cerca. Dios, necesito un auto porque ya no puedo viajar más así. Dios, necesito un trabajo. Dios, necesito paz en mi casa. Dios, necesito volverme fuerte. Dios, necesito salud para mi cuerpo. Y una vez que se lo dijiste, dale gracias, porque no es en vano lo que estoy haciendo, Dios va a hacer algo, ¿creés que Dios va a hacer algo? Recién Dios tomó tu petición y lo hizo su problema, dice, vamos a trabajar en esto. Correte del lugar para que Dios pueda ocupar el lugar que Él te prometió que iba a ocupar, pero correte de ese lugar. Amén.
Ahora, cuando venga a tu mente ese problema, te vas a acordar de este momento y vas a decir, pero ya se lo entregué a Dios y vas a decir, gracias Señor. Dice que eso te va a traer paz al corazón, una paz que sobrepasa todo entendimiento. No entiendo cómo, pero a mí Dios me trajo paz, yo le entregué, el pensamiento de preocupación va a venir otra vez, pero cada vez que viene, me acuerdo de este momento. Señor, estás trabajando, yo te lo entregué, y cuando Dios trabaja, los resultados siempre son excelentes.
En tercer lugar: tengo que detectar. Alguien que infle un globo hasta donde pueda. Tenés que detectar qué es lo que infla tu globo, o sea, tu vida, y qué es lo que lo desinfla. Tenés que darte cuenta a esta altura de la vida. Sos una persona adulta, tenés que detectar qué cosas inflan tu globo, tu vida, y qué cosas la desinflan.
¿Qué cosas te dan energía y qué cosas te la quitan? ¿Qué cosas te hacen bien y qué cosas te hacen mal? Ya te vengo hablando de esto hace mucho, por algo es que te lo estoy diciendo. ¿Qué te hace bien y qué cosas te hacen mal? ¿Qué personas me hacen bien, qué personas me hacen mal? ¿Qué reacciones mías me energizan, me hacen bien y qué reacciones mías me hacen caer en depresión, en angustia, o me traen culpa? ¿Qué cosas que hago todos los días me hacen bien, y qué cosas que hago todos los días me hacen mal?
Esa clasificación la tenés que tener en tu vida, y no te tiene que traer culpa. Empezá a hacer lo que te hace bien, está solamente con gente que te hace bien, no con las que te desinflan, no con las que te quitan fuerza, no con las que te traen dolor o preocupación.
Hay un refrán hebreo que dice: "Algún día Dios nos pedirá cuentas por todas las cosas que Él creó para nuestro deleite, pero que nos rehusamos a disfrutar". Hay cosas que están hechas por Dios para cada día. Dios nos ha plantado semillas para que nos deleitemos, y sin embargo, no las miramos, no nos damos cuenta, las dejamos pasar de largo, porque nos parece mal disfrutar, porque no estamos acostumbrados a pasarla bien, porque un poquitito hay que sufrir todos los días, y nos agarramos al sufrimiento como si fuera nuestro estilo de vida, nuestra manera de hacer las cosas y nuestra manera de sentirnos importantes, porque estamos sufriendo y como estamos sufriendo, nos sentimos heroicos.
Tenés que darte cuenta qué te hace bien. Si quiero atravesar la pared y no quiero volverme loca o loco, tengo que acercarme más a lo que me hace bien, a lo que me trae tranquilidad, a lo que me trae calma, a lo que me hace reír, a lo que me hace disfrutar, a lo que me hace saber y decir que la vida es linda vivirla, que vale la pena estar vivo, que vale la pena hacer cosas, que vale la pena amar al Señor. Hay cosas que valen la pena y tenés que acercarte a lo bueno, a aquello que te da nuevas fuerzas.
Cuarto: Tengo que dejar para mañana lo que no puedo hacer hoy. Porque el refrán original dice, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Te lo estoy diciendo al revés. Tengo que dejar para mañana lo que hoy no puedo hacer. Todo hoy. Y hoy tal vez no es el día para hacerlo. Entonces, si hoy no puedo y estoy desgastada y son las ocho de la noche y ya no puedo más, porque me levanté a las cinco de la mañana. Tengo que saber decir "mañana", porque mañana me va a salir mejor, porque mañana voy a estar más tranquila, porque mañana voy a estar más descansada. Tengo que dejarlo para mañana.
No le estoy hablando a la gente vaga, estoy hablándole a la gente que trabaja y que tiene miedo de volverse loca porque está estresada, porque no da más, porque tenés el tanque lleno de cosas negativas. Tengo que dejar para mañana lo que hoy no puedo hacer. Tengo que saber ponerme límites, porque una de las cosas que te van a pasar cuando te viene el cansancio o el agotamiento, es que el enemigo va a venir a atacarte.
Eso le pasó a Jesús. Estaba en el desierto con hambre, y vino Satanás y le ofreció un montón de cosas, porque el enemigo va a aprovechar tu momento de vulnerabilidad, cuando estás cansado, cuando estás agotada, cuando parece que vas a enloquecer. Todas las tentaciones y distracciones te van a parecer más lindas. Ese amigo que hasta ahora te parecía un amigo, cuando estás agotada, te va a parecer el amor de tu vida. Como estás tan mal pasa a ser lindo ese abrazo que te daban. Antes era un abrazo de amigo, ahora ese abrazo te contiene, te sostiene, porque cuando estás agotada, cansada.
El enemigo viene a tu área de vulnerabilidad, que es el agotamiento, que es el estrés, y todo lo de antes que no te parecía importante, ahora te parece importante. Toda distracción que no te importaba, ahora parece que es hermosa, valiosísima. Toda tentación aparece más fuerte en tu vida y decís, cómo hice eso. Porque estabas agotada, porque no podías pensar, porque estabas cansada, decís: cómo me quedé con ese tipo y me quedé embarazada, cómo me acosté con este tipo, no lo puedo entender. Porque estabas agotada, cansada, porque estabas en un momento de vulnerabilidad.
Hombres que dicen, cómo me fui a meter con esta persona, no entiendo qué me pasó. Porque estabas cansado, las preocupaciones te golpeaban en tu mente y en tu alma. Es tan importante que pongas límites, y el límite lo pones vos. Como cuando vas a un lugar lindo a tomar café, y te sirven el café y tenés que decir, basta, y te ponen la leche, y decís hasta donde. Si no le decís, basta, la persona va a seguir sirviendo. La encargada o el encargado de decir, basta, somos nosotros.
¿Sabés ponerte límites? O sos la que resiste y aguanta, mirás que sos aguantadora como la yerba, y te parece que es un piropo súper especial y te estás reventando la vida. ¿Sabés ponerte límites? ¿En qué área de tu vida todavía no te pusiste límites? Gente que viene y te sigue golpeando con palabras o físicamente, y no pusiste un límite. No tenés una piel que te cuide, que te cubra, porque estás esperando que el límite lo ponga el otro, o estás esperando que venga una enfermedad para decirles que te das cuenta que estabas cansada, estás esperando una enfermedad para que alguien se de cuenta lo sacrificada que sos. Ese es el gran problema, porque esperamos mal.
Leí un correo de una mujer. Me dice, Alejandra, quiero que mi marido se muera para ser libre de una vez por todas. ¿Hay que llegar a eso? Tanto te cuesta ponerle un límite a esa relación de maltrato, que tenés que esperar que él se muera para ser libre. Qué triste tener que decir eso por la incapacidad nuestra de poner límites.
Quiero que mis hijos crezcan de una vez por todas, que se casen y se vayan. Qué triste que tus hijos se casen y se vayan de casa porque no sabés poner límites. Qué triste tener que esperar una enfermedad para que los demás vengan a cuidarte, porque no pudiste poner un límite a lo que estabas haciendo. Y no dijiste, basta, esto me daña, no lo quiero más, quiero que me traiga salud, no lo que me enferma.
¿Sabés ponerte límites? Porque el agotamiento se va a llevar lo mejor de vos, lo vas a pasar, pero el agotamiento se va a llevar lo mejor de vos, y es muy feo tener muchos años de vida, y vivirlos sin fuerzas, sin energía, sin alegría, sin ánimo. Es muy feo levantarse cada mañana y decir, antes tenía una vitalidad, me hubieses visto. ¿Y qué paso? No supiste ponerte un límite a cuidarte, a tu descanso, a tu alimentación, a tu día. No supiste ponerle límites al maltrato, a los problemas. Te hiciste cargo de todo, fuiste un trapo de piso de todo el mundo, la alfombrita que todo el mundo pisó. Todo el mundo te pedía cosas y decías que sí todo el tiempo. Qué triste esperar algo porque no sabés ponerte un límite.
¿En qué área de tu vida hoy tenés que ponerte un límite? Y lo peor que podés hacer es pensarlo y dejarlo ahí. Yo tendría que hacer gimnasia pastora, me vendría tan bien. Pero pasó desde principio de año. El problema es tuyo que no te pusiste un límite. No es que tus hijos te pidieron cosas, no fue que ese horario tenías que hacer otra cosa, no fue que no tenías colectivo para ir. No, esas son excusas. Es que no sabés ponerte el límite, porque no sabés respetarte, amarte y saber que sos una persona digna para vos misma. Sos tan indigna o indigno, no te merecés nada, entonces no podés ponerte un límite para tu vida.
Tengo que ponerme límites. ¿Seguís fumando y lastimándote la vida? ¿Seguís drogándote y lastimándote la vida? ¿Seguís yendo al bingo a jugarte toda la plata para volver con depresión? Porque decís, tengo que juntar más para la próxima, seguís haciendo ese tipo de cosas tontas. ¿Seguís acostándote con cualquiera, a ver si cualquiera te puede traer un poco de alegría a la vida?
Porque no supiste decirte que no supiste ponerte un límite, y decir, basta, voy a vivir bien.
¿Será tan difícil vivir bien? Parece que si uno no vive bien es porque los otros no le hacen la vida linda. Uno vive bien porque sabe cómo vivir bien y ya estás grande y estamos grandes como para saber cómo vivir. ¿Qué te parece?
Si hoy no lo terminé, va a ser mañana. Si hoy no puedo darte esta respuesta, va a ser mañana. Hoy no te puedo atender el teléfono, estoy cansada, mañana. Si hoy hice todo lo que tenía que hacer y algo no lo pude hacer, mañana es otro día.
Jesús lo dijo, "a los pobres siempre los tendréis con vosotros" o sea, siempre va a haber problemas que no se van a resolver, entonces, para qué te matás, mañana. Y no te estoy hablando de vagancia, no te estoy hablando de posponer, estoy hablando cuando sabés que tu mente va a enloquecer, cuando sabés que estás saturada, cuando ves que en tu casa todos están alterados. Porque hay casas que están estresadas, no es solamente uno, es toda la casa, ves a tus hijos, ves al perro, todos estresados, y ahí es donde tenés que empezar a ponerte un límite, sino van a enloquecer todos.
Hay cosas que no vas a poder resolver nunca, por más que te vivas preocupando. A tu suegra no la vas a cambiar, a tu mamá no la vas a cambiar, y para qué seguís haciendo cosas si sabés que va a ser siempre igual, de la misma manera, porque ya no cambia, porque se adaptó a una manera de vivir. Estoy hablando esta palabra, no para los que dicen, tengo que sufrir, no estoy hablando para la gente que es odre nuevo, que quiere cambiar y dice, voy a poder porque yo me voy a respetar.
Practicá esta palabra, porque a veces en la mente ordenamos todo, decimos, no, con esta palabra me voy a cuidar, le voy a decir tal cosa, y te agarra odio a los que te presionaron. No, esto lo suelto, mi hija que me encaja siempre al nieto. Te agarra bronca y después pasa la bronca, vuelve todo a la normalidad, hiciste un cambio que no sirvió para nada, hiciste un cambio para no cambiar nada, decís, lo voy a hacer y después no hacés nada. Tenés que hacer esta palabra, vas a ver el resultado cuando la acciones, no cuando la pienses. Hay cosas que tenés que dejar de pensar y comenzar a hacer. Dejá de darle vuelta, y cómo voy a hacer con eso, y cómo voy a hablar, dejá de pensar y ponete a hacer las cosas.
Lo único que te va a cambiar la vida es hacer algo por vos. Es lo único que te va a cambiar la vida, porque si lo podés hacer por vos, te va a ser mucho más fácil hacerlo por el otro. Pero hasta que no lo hagas por vos, al otro le vas a dar migajas. Qué le vas a dar al otro si no sabés cuidarte, cómo vas a cuidar al otro si no sabés amarte. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Primero empezá por vos, para después amar a tu prójimo, eso es lo que dijo Jesús. ¿Cómo te amás? Por eso estamos buscando migajas, y por eso el amor que das también es migajas, por eso te trae problemas, por eso tenés problemas en las relaciones interpersonales, porque no sabés quién sos y no sabés cuidarte a vos mismo.
¿Cuántos son papás y mamás? Los papás sabemos muy bien dar a luz, pero no somos muy buenos padres, nos equivocamos con nuestros hijos, y ¿cuántos de sus padres se equivocaron con ustedes en enseñarles? Por eso hay un momento en donde te tenés que buscar a vos mismo. Hay un momento en donde tenés que dejar las voces de tus padres y empezar a escuchar tu propio ritmo, y la voz de Dios dentro de vos, que es el único que te sabe cuidar.
Tengo que dejar. Las mujeres somos muy buenas para hacer muchas cosas a la vez. Tenemos muchas habilidades, tenemos buenas ideas pero no siempre somos las personas asignadas para llevar adelante esa buena idea. Podés tener una muy buena idea, y tener la fuerza para hacerla, pero no siempre estás llamada para hacer esa tarea.
Tenés que saber, varón o mujer, para qué Dios te ha llamado a este mundo, porque sino, se van a enganchar en cualquiera, y esto le pasó a David. Tenía una muy buena idea, construirle un templo a Dios, y me imagino cómo pensaba David de esto. Decía, le voy a poner esto, y los mejores materiales, y va a ser así, y columnas de mármol, y va a tener unas puertas enormes de cedro. Y parecía una buena idea, y tenía la fuerza, las ganas, los materiales y el dinero para hacerlo, pero Dios le dijo, la idea es muy buena, pero no sos el encargado de hacerlo, déjaselo a tu hijo, porque quiero que tu hijo lo haga, no vos.
Tenés buenas ideas muchas veces, tenés un excelente corazón para darle a los demás y para hacer cosas por los demás, tenés la capacidad de hacer todo rápido y que los demás te miren. Dejamelo a mi que te lo hago en dos minutos. Tenés capacidad para resolver los problemas rápidamente y decís, no pierdas tiempo, dejá que voy yo, pero Dios te dice, esa no es tu asignación, hay otro que tiene que hacer eso. Aunque tengas fuerza, aunque tengas inteligencia, aunque tengas buen corazón y tengas muchas ganas de hacerlo, hay otro, dejaselo a otro.
Hacé lo que es tu asignación, porque te voy a preguntar un día qué hiciste con esa asignación que yo te di, porque te puse en esta tierra para ocupar ese lugar, porque estás haciendo de todo, estás corriendo detrás de todo el mundo sino es tu asignación, porque no te das cuenta cuál es tu fuerza, a dónde tiene que estar focalizada tu vida, hacia donde va tu vida para hacer lo que Dios te dijo que hagas y no meterte en un terreno que no te corresponde y lo único que va a hacer es pensar que vas a enloquecer, hay algo asignado.
David era un hombre que nació para gobernar, no para construir, y lo hizo muy bien. Y Salomón nació para construirle el templo, y lo hizo muy bien porque cada uno en su asignación. Cuando le dijo Dios a David, no vas a hacer el templo, Dios le dijo, pero tengo una herencia grande, aunque no me hagas el templo, porque no es lo que tenés que hacer, yo tengo una herencia grande por lo que si vas a hacer, y le prometió que su nombre iba a ser un nombre por toda las generaciones y que su reino iba a ser un reino seguro por todas las generaciones. Si te dedicás a tu asignación y dejás de correr la vida por otros, dejás de correr por asignaciones que no son tuyas, Dios tiene una promesa y una herencia para tu vida y para tus generaciones.
Salmos 69:1 "Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello. Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda, y no tengo dónde apoyar el pie. Estoy en medio de profundas aguas, y me arrastra la corriente".

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