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11 de noviembre de 2011

DERECHOS ESPIRITUALES POR BERNARDO STAMAETAS

DERECHOS ESPIRITUALES POR BERNARDO STAMAETAS

Génesis 24: 13 “Aquí me tienes, a la espero junto a la fuente, mientras las jóvenes de esta ciudad vienen a sacar agua. Permite que la joven a quien le diga: ‘Por favor, baje usted su cántaro para que tome yo un poco de agua’, y que me conteste: ‘Tome usted, y además les daré agua a sus camellos’, sea la que tú has elegido para tu siervo Isaac. Así estaré seguro de que tú has demostrado el amor que le tienes a mi amo.
Aún no había terminado de orar cuando vio que se acercaba Rebeca, con Betuel, que a su vez era hijo de Milca y Najor, el hermano de Abraham. La joven era muy hermosa, y además virgen, pues no había tenido relaciones sexuales con ningún hombre. Bajó hacia la fuente y llenó su cántaro. Ya se preparaba para subir cuando el criado corrió a su encuentro y le dijo:
-¿Podría usted darme un poco de agua de su cántaro?
-Sírvase mi señor -le respondió.
Y en seguida bajó el cántaro y, sosteniéndolo entre sus manos, le dio de beber.
Cuando ya el criado había bebido ella le dijo:
-Voy también a sacar agua para que sus camellos beban lo que quieran.



Quiero hablarte sobre los derechos espirituales.
Todos los seres humanos tenemos una frontera o un límite; ya sea un límite en nuestro cuerpo, en nuestra mente o en nuestro espíritu.
Esa frontera nos protege del afuera.
Cuando el límite físico es roto, tenemos dolor. Cuando el límite se rompe viene gente para abusar, y lo que logramos lo perdemos. El límite físico se rompe a través del abuso sexual, del maltrato. Si una persona nunca fue amada, acariciada, su límite físico está roto.
Los límites emocionales se rompen cuando somos invadidos. Se rompe cuando una persona decide por nosotros, cuando no tenemos privacidad.
Cuando una persona nos abusa espiritualmente ya sea porque nos dicen que no vamos a prosperar, que Dios no nos va a bendecir, cuando hay legalismo, culpa; se rompen los muros espirituales.
¿Cómo hacer para levantar nuevamente los muros?

Hay en la Biblia, un pasaje en Malaquías; que dice que Dios va a levantar un muro de fuego alrededor nuestro.

El muro de fuego se hacía para que todos los animales que vinieran a destruir murieran quemados en el fuego.

Dios va a levantar un muro de fuego para que nadie nos lastime física, emocional o espiritualmente.
Los muros de fuego se levantan cuando activo mis derechos espirituales. Los derechos espirituales son las promesas que Dios nos ha dado y nos corresponden.
1. Tengo derecho a impartir bendición a mis hijos
“Tú y tu casa serán bendecidos”

Tenés que reclamar el derecho de que ellos van a superarte.
Tenemos derecho como padres, a ver a nuestros hijos siendo gente honesta y sirviendo al Señor.
2. Tengo derecho a ser yo
Le guste a quien le guste, vos tenés que ser vos, porque si sos otro, no sos vos.
Dios te llamó a ser único. Tenés que ser íntegro; de una sola pieza.
No tenés que rendirle exámenes a la gente.

Dice la Biblia: “el cinturón de la verdad”.

En la antigüedad los hombres usaban túnicas hasta el piso, lo que hacía que no pudieran correr porque podían tropezar. Entonces los hombres usaban un cinturón.

Pablo toma esa imagen y dice: ‘Usen el cinturón de la verdad’. Pablo lo dijo porque el hombre cuando quería correr se levantaba la falda y la ponía en el cinturón.

Eso quiere decir que cuando vos sos vos, podés correr fácilmente hacia tus sueños. Si vos no sos quien Dios dijo que sos, no vas a poder moverte con rapidez. Se te va a ir la vida siendo otro.
3. Tengo derecho a darme tiempo para crecer
Dios nos ha llamado a crecer y a superarnos, tenemos que darnos tiempo.
Estamos bajo la gracia, no bajo la ley.
La Biblia se divide en dos partes; antigua ley y nuevo pacto. La ley es un mapa; pero cuando Jesús murió, resucitó para darnos el guía que nos ayuda a crecer y nos acompaña.

4. Tengo derecho a decir sí y a decir no
Tenés derecho a usar las palabras más poderosas que Dios nos dio. Tenés derecho a caminar los próximos metros en tu vida.

Amá a todos, pero no trabajes con todos. Jesús tenía miles y amó a todos; pero trabajó con doce.
Tenés el derecho divino de poder elegir con quién te juntás y con quién no.

Hay gente que te agrede porque sos interesante. Los mediocres atacan a la gente interesante.
5. Tengo derecho a cuidar y a pelear por lo que Dios me dio
Tenés que cuidar lo que Dios te dio. Cuidá tu familia, tu ministerio, tus dones, tus pastores.

Si vos no cuidás lo tuyo, nadie va a hacerlo por vos.

Dios nos llamó a la victoria; y tenemos que cuidar lo que nos dio.
Cuidar quiere decir que vos tenés que tener un mentor, un entrenador. Un mentor es un coach. Tenés que caminar con alguien que haya logrado más que vos
El mentor no reta, corrige.
El mentor es la voz que te capacita para ir por más.
6. Tengo derecho a liberar todo mi potencial
Dios formó el cuerpo de la tierra, porque es donde Él dijo que íbamos a vivir.

Mi cuerpo debe recordarme que tengo la capacidad para triunfar en la Tierra.
Cuando en la Tierra no sabemos qué hacer, podemos funcionar en lo sobrenatural.

Hay una habilidad poderosa que todavía no conocés, que saldrá a la luz en los próximos años, para funcionar bien acá y en lo sobrenatural.

Abraham le pidió al criado que le consiguiera novia a Isaac; el criado le juró que lo haría, y salió en busca de ello.
En la historia, Abraham representa a Dios Padre, el criado al Espíritu Santo, y el hijo simboliza a Jesús.

El criado encontró a Rebeca, quien cumplió con las condiciones que él había pedido a Dios, que tuviera la mujer que sería novia de Isaac.

Rebeca cargó 80 litros de agua porque estaba acostumbrada a ir más lejos, a liberar su potencial. Un día común fue el día que cambió su vida.

¡Liberá el potencial! Dios te ha dado habilidades para darle de beber a todos. Hablá victoria, éxito, triunfo.
7. Tengo derecho a prosperar
Prosperar no es sólo tener dinero. Prosperar es ser rico de dinero, de salud, de amigos, de fe, de poder, ricos de mentor, ricos de revelación, ricos de sueños, ricos de fuerzas.

Cuando Rebeca le dio de tomar a los camellos, el criado, simbolizando al Espíritu Santo le puso un anillo de oro, la vistió, y le dio los diez camellos.

Hay camellos que van a bendecirte el día menos pensado.
Cuando Rebeca llegó a la casa con el criado, hablaron con su padre y, cuando ella dijo que iba a casarse toda su familia fue bendecida.

Fuiste a buscar agua y volviste con la bendición a tu casa.

Vamos a discernir los climas, vamos a cambiar los climas y las atmósferas.
Por Bernardo Stamateas

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