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12 de noviembre de 2011

NO PUEDO OLVIDAR EL DAÑO QUE ME HICIERON POR ALEJANDRA STAMATEAS

NO PUEDO OLVIDAR EL DAÑO QUE ME HICIERON POR ALEJANDRA STAMATEAS

Génesis 6: 9 – 14; 19 – 22.

Noé hizo todo lo que Dios le había marcado, no hubieron quejas ni preguntas en él.

La pregunta clave es: ¿qué preferís que te teman o que te amen?
¿Qué te amen? Por eso te lastimaron y no podés olvidar el daño que te hicieron.

Las mujeres tenemos un gran miedo, el miedo a no ser queridas, por eso todo lo que hacemos es para que nos quieran, las semillas que sembramos son porque queremos cosechar amor, por eso siempre estamos esperando que nos devuelvan amor y muchas veces aclaramos: “A mi no me interesa el dinero, sólo quiero que me amen”. Cocinamos para que nos amen, hacemos un sacrificio para que nos amen, damos algo más a los hijos y en el fondo todo es para recibir amor. Y la consecuencia de cada semilla plantada con esa motivación es:
1- Que te vuelvas sumisa y aceptes la manipulación de cualquiera.
Porque cuando una persona ve que necesitas sentirte amada va a manipularte.
2- Desvalimiento: “pobre de mi”, “pobrecita”, “no me dieron”, “no se fijaron”, “no me creyeron”, “me dejaron sola”, “me dejaron abandonada” y te transformarás en una mujer débil manipulada por los demás.
3- Enojo permanente: cuando no recibís lo que querés vivís permanentemente enojada y especialmente cuando te maltrataron, te dañaron y no podés olvidar lo que te hicieron.

Para que nadie más vuelva a lastimarte aunque quiera, las mujeres tenemos que

Actuar estratégicamente.

No podés vivir diciendo:”Y… voy a ver que responder” o “cuando se presente la situación veré qué hago”. Debemos analizar una estrategia en nuestra manera de actuar, para eso:

1º- Tomar poder.

Y no es estar por encima de otro, no es retar a los demás y decirles que sos superior, tomar poder es perder el miedo a no ser querida porque el miedo te hará dependiente de los demás.
¿Cuál es tu miedo? ¿A perder qué amor?
¿El de tus hijos? Y como tenés miedo vas a ser sumisa con ellos y nunca podrás ponerles límites, dirás: “¿y si él se enoja?”, “¿y si ella se va?
¿Tenés miedo a perder el amor de tu pareja, que se vaya, que te abandone?
El miedo ante la amenaza te hará sumisa y serás manipulada, pero cuando tomás poder o sea te quitas los miedos de encima, te presentarás con otra autoridad. Cuando decidís vivir sin miedo a perder el amor de otro, a no ser querida, te haces una persona segura.
El miedo nace de la creencia que te dice qué tipo de mujer tenés que ser; me acuerdo que, cuando éramos chicos, mi abuela siempre que nos visitaba traía una bolsa de juguetes o golosinas, y cuando la veíamos venir corríamos a abrazarla (y no porque la quisiéramos sino por lo que nos traía). Cuando fuimos grandes nos enteramos que si la abuela no venía a casa no era porque no quería vernos sino porque no tenía plata para traernos nada y le daba vergüenza, por eso directamente no venía; ella tenía el miedo al rechazo de sus nietos.
Hay un estereotipo marcado por la cultura que nos dice como debemos ser como esposa, como madre, como hija, como mujer y cuando lo quebramos nos sentimos mal y tenemos miedo de ser rechazadas.

2º- Hacer una dieta emocional.

Las mujeres tenemos prendidas en nuestro interior las emociones y nos guiamos por ellas que suenan fuerte, es lo único que escuchamos, por eso muchas veces no logramos los sueños, tenemos que aprender a bajar su volumen.

Las mujeres nos vemos de dos maneras: intelectual y emocionalmente.

Si es intelectualmente siempre ganamos, si emocionalmente perdemos. Al vernos intelectualmente podemos reconocer nuestros puntos fuertes y débiles, sabremos en qué funcionamos bien y dónde más o menos, pero si lo hacemos emocionalmente siempre nos veremos insuficientes.
Por ejemplo, cocinaste una comida espectacular, hiciste la receta tal cual te enseñaron, la servís a tu familia y nadie te dice nada, ni qué rica, ni te agradecen, comen rápidamente y se van a dormir. ¿Cómo te sentiste? Mal.
Intelectualmente sabes que la comida es para un diez porque la hiciste perfectamente, que nada falló, que sos un genio cocinando, pero emocionalmente sentís fracaso porque nadie te reconoció ni felicitó.

Esas son las dos maneras como nos evaluamos las mujeres y el volumen emocional es mayor, más poderoso, que el intelectual. Buscamos que nos quieran y la aprobación del otro es cariño, por eso perdemos en el área emocional porque medimos nuestro valor conforme a los resultados emocionales.
Tengo que ser más fría, bajar el volumen emocional de mi vida para que no me dominen. Tengo que aprender a controlarlo para lograr los sueños de mi corazón, ser más firme frente a las dificultades de la vida.

En mi viaje a España conocí a una mujer que me asombró, Pepita, a quien entrevisté para la revista Mujeres Fuertes. Hay una ciudad que lleva su nombre porque todo le pertenece, ella la construyó. Dice que ahora va a construir una capilla porque quiere que la entierren allí, de la misma manera como enterraban a los reyes.
Desde el año 1972, Pepita está en la construcción de casas y así edificó un barrio, una ciudad entera fue construida por ella, donde alemanes e ingleses llegan a comprar sus propiedades para vivir.
Una de las preguntas que le hice fue: ¿Cómo hacés cuando te sentís mal?
Y su respuesta me encantó: “Cuando viene un pensamiento negativo, enseguida pongo una frase en la mente y me la repito: “tu no puedes…” Tu no puedes enojarte, tu no puedes entristecerte, tu no puedes bajonearte, tu no puedes frustrarte, porque tenés que seguir adelante para alcanzar tu sueño”.
Esto me impactó, una mujer que frente a un problema se repite así misma “no puedo estar mal”, “no me lo permito, porque monté una empresa y tengo que llevarla adelante, y si quiero lograr mi objetivo no puedo ponerme mal”.

¡No puedo detenerme!
No podés detenerte, tenés que ser una mujer más fría si querés lograr algo y bajar el volumen emocional, porque cuando los sentimientos tienen tanta intensidad te volvés vulnerable y eso te detiene en el camino.

Le pregunté: ¿Qué haces con las críticas?
Y me hizo un gesto: “me resbalan.”
Es una mujer de éxito económico que viaja por el mundo y cada vez que lo hace contrata todo un tour, pero si se levanta sin ganas de ir, suspende todo sin ningún problema. Es una mujer fría.
Y Dios me dijo que me llevó hasta ahí para ver que hay otra manera de vivir. Las latinas estamos acostumbradas a manejarnos por emociones: lo sentimos o no lo sentimos; me hizo mal o no me hizo mal; me apoyan o no me apoyan; lo hago o no lo hago y por eso estamos frenadas en un montón de proyectos.
Pepita lo logró porque se hizo fría a sus propias emociones, se dijo: “Yo no puedo estar mal.”
Me dijo: “Si no existieran trabajos para mujeres, yo los inventaría porque una mujer no puede estar sin trabajar, siempre debería hacerlo, así que si alguien que está sentado mirando televisión me critica porque trabajo, yo digo: si ese, que es ignorante, eligió ese estilo de vida que respete el estilo de vida que yo elegí.”

Pregunté: ¿Qué mensaje podrías darle a las mujeres de Latinoamérica?
Respondió: “Que defiendan su parcela, su territorio, que luchen hasta conseguir lo que quieren, que no se detengan, porque tienen la capacidad para hacerlo.”

Pepita ni me registraba, yo no existía, solo estaba ella. Esa es la característica de las mujeres fuertes, existen sólo ellas el otro no, el extremo opuesto a lo que conocemos.
Me dijo: “Alejandra, cuando veo a una mujer con un bebé en sus brazos que anda por la calle pidiendo, esa mujer nos hace quedar mal a todas las mujeres que desde chicas estamos luchando para conseguir cosas. Lo que a mí me motivó para salir adelante en la vida fue que, cuando yo era chica, no tenía nada, entonces me dije: “No voy a vivir toda la vida así, voy a tener todo lo que quiero”, y esa fue la motivación para luchar y suplir cualquiera de mis necesidades.”

Esta actitud habla de una mujer que bajó el volumen de sus emociones y en un momento dijo: “Basta, no voy a cuestionar más nada, no voy a andar preguntando si está bien o si está mal, no seguiré mendigando el cariño ni el amor de nadie, voy a seguir adelante porque tengo un sueño y lo voy a cumplir.”

Dejá de medir tu vida emocionalmente (“si les gustó o no”, “si me hice más amigos o no”, “si me aceptaron o no”, “si me quieren más o menos”) y empezá a medirla en términos intelectuales (“Esto lo hice y me atreví a ser yo, no falsee mi identidad delante de nadie”, “no busco el reconocimiento de nadie”, “soy yo y busco lograr los sueños que Dios me dio”.)

¿Y cómo mido mi vida intelectualmente? Dándome cuenta de mí.
¿Qué es darme cuenta de mí?

Una de las noches en las que no podía dormir, en España, mirando por la ventana, estábamos cerca de un puerto, en Murcia, y desde allí se veían las montañas, entonces me acordé de mi cuñada que hace poco fue sola a Grecia, que tomaba micros para conocer los lugares y pensé ¡qué bárbara! ¡qué valentía ir sola! Y el Espíritu Santo me dijo: “Porque ella hoy cuenta con ella misma, por lo tanto sabe que esté donde esté resolverá cualquier situación, y si llegara a perderse, tiene la valentía de preguntar: “Me ayudas a salir de esta que no sé donde estoy y cómo hago para ir donde quiero”.

Contá con vos misma antes que contar con otro.

El problema de las mujeres es que primero queremos contar con otro antes que con nosotras mismas, muchas mujeres maltratadas se casaron creyeron que el otro les iba a dar identidad y no saben cómo hacer con esos matrimonios, creyeron que el otro les iba a dar y no se dieron cuenta que lo buscaban ellas tenían en sí mismas. Por eso le digo a las chicas jóvenes que no se casen enseguida, que esperen, y no para conocer al otro sino para conocerse así mismas, porque si cuentan consigo mismas no importará si el otro está o no, seguirán adelante igual.
Contar con uno mismo no quiere decir “yo me arreglo sola y lo demás no importa”, quiere decir que si yo sé que puedo y el otro me ayuda bárbaro pero si desaparece puedo seguir adelante.
Contá con vos misma, aprendé a decir: “no importa si mi marido esta o no, si mis hijos están o se van, si tengo esta casa o la pierdo, si me quieren o no me quieren, si este trabajo lo tengo o no, lo importante es que si me tengo a mí misma lo tengo todo.”

Le pregunté a Pepita si tenía fe y me respondió: “Sí, tengo fe en mí.”

Y si una mujer que tiene una fe humana en sí misma logró construir una ciudad, nosotras que tenemos la fe en el Único Dios Verdadero, ¿cómo no vamos a lograr construir todo lo que nos mandó construir? ¿Cómo no vamos a poder lograr los sueños que hay en nuestro corazón?
¡No nos falta nada!
Sos libre, tenete en cuenta, contá con vos y si vos estas, aunque estés sola o acompañada, vas a lograr lo que te propusiste, no mendigues cariño, amate a vos misma, Dios te ama.
¡Nadie puede hacerte daño! Podés romper el miedo con un solo portazo y te corresponde a vos, tenés la capacidad para bajar el volumen de tu emoción, para conquistar los sueños que querés; no necesitás que nadie te quiera porque Dios derramó su amor que sobra y abunda. No pidas el amor de nadie, camina siendo como sos.
No evalúes si tuviste éxito o fracaso por el reconocimiento de los demás, por el aplauso o la felicitación de los otros, aprendé a evaluarte intelectualmente: “esto lo hice bien porque conté conmigo misma y todo lo que haga me va a salir bien”. Aprendé a valorarte.

Jesús le dijo a los discípulos: “¿Quieren irse ustedes también? (Los discípulos lo estaban abandonando) Porque esto lo puedo hacer solo o con otra gente, yo no me someto a nadie sólo a mi Padre”.
Jesús no se sometía a ningún ser humano, ni siquiera a sus propias emociones solamente a la obediencia del Padre.
Un día estaba Noe por construir un arca y en Hebreos 11 dice que “por la fe de Noe…”
Hay algo que nosotros tenemos dentro que Pepita no tiene, es el poder de la fe; el mundo quiere condenarnos, nos puso estereotipos, normas culturales, que si no las cumplimos nos quieren condenar: “no sos buena madre”, “no sos buena esposa”, “no sos buena mujer”, “no te comportas como debes”.
Dice la Biblia que “Noe por la fe condenó al mundo”, tu fe va a condenar a los que te condenaban porque seguirás en pie frente a las condenas del mundo, de la sociedad, y la fe no tiene nada que ver con eso.
A pesar de tus emociones negativas, de tu tristeza, de tu angustia, de tu lucha la fe permanece porque no es emoción, es un nivel que ni siquiera Pepita conoce y por esa fe podemos condenar al mundo que te verán superado, mejor, conquistando los sueños.

Sacá fuerza de tu fe.

Si Pepita sin fe en Dios aprendió a construir una ciudad, vos con la fe en Dios podés hacer lo que quieras, pero debes aprender a sacar fuerza de esa fe. Dejá de ser emocional, los demás te van a amar igual, lográ tus sueños y se te acercará la gente correcta.
No busques que te amen dejando de lado tus sueños, conquistalos, sé una mujer segura y se te van a pegar. No tengas miedo que no te quieran, sé segura de vos misma porque sabes hacia donde vas y tendrás la serenidad que da la seguridad y te dice: “Vas por el buen camino”.

Antes de contar con cualquier persona primero contá con vos.

Tu fe condena al mundo, porque cuando el que te dañó te ve crecer, el que te abandonó ve que estás feliz, el que te dijo que no lo ibas a lograr ve que lo lograste, sus propias palabras lo condenan porque dijo: ¿Cómo hizo éste para lograr lo que yo dije que no lograría? ¿Cómo hizo para rehacer una familia si yo la abandone?
Baja el volumen de tus emociones, tu fe condena al mundo.
Hay una emoción que te habla para que te detengas y no logres nada, y Dios te dice: “Sé fría, como Noé que Dios le dijo “construí un arca antes que venga la lluvia”, y ni sabía qué era la lluvia porque nunca había llovido pero fue obediente y la construyó.
Sé obediente a lo que Dios te manda y no esperes el reconocimiento de nadie. Decretá algo en tu vida, da un paso por vez, empezá por uno, y sólo con tu fe y la fe en Dios lo concretarás en el nombre de Jesús.


El presidente Bush, refiriéndose a un discurso dado por Coretta King, la esposa de Martin Luther King, dijo: “Esta mujer siguió el legado de su marido, cuando él murió ella lloraba a solas, luego se secaba las lágrimas y hacía lo que tenía que hacer, hoy ella deja su propio legado, ya no sigue el de su marido”.
Mujer no te apoyes en nadie, sólo en Dios, porque donde estés contás con vos misma y dejarás tu propio legado, no administrarás más lo ajeno sino tu propia ciudad.

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