Parecida...¡pero diferente!

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14 de junio de 2008

Cuando el quererse siempre cuenta

¿Cómo podemos entender la autoestima? Pues bien, comenzamos por decirte que es una capacidad que potencia todas nuestras otras habilidades. Consiste en, estando consciente de uno mismo, ser capaz de comprenderse, aceptarse y respetarse.
Implica saber quién eres, y el entender por qué piensas, sientes y te comportas de la forma en que lo haces. Parece mentira, pero éste es el amor menos practicado en nuestra sociedad. De ahí el problema para relacionarnos efectivamente con otros. Si no tienes una buena relación contigo mismo, es poco lo que puedes esperar de los demás.
¿Qué importancia tiene esto? Es sencillo, nos lleva a la autoaceptación, gracias a lo cual podemos reforzar nuestra identidad como personas. Lo contrario nos causa sentimientos de inadecuación e inferioridad
Lo que hace la diferencia: Las personas con un nivel de autoestima saludable son fácilmente distinguibles de los demás. Se les nota como individuos seguros de sí, con un buen sentido de autoconfianza, que se sienten realmente bien por cómo son, todo lo cual los lleva a sentirse capaces de tomar los retos de la vida y de correr riesgos.
En la otra acera, las personas con un nivel de autoestima pobre se sienten intimidadas ante otros, sus actitudes pesimistas y negativas hacia sí mismas los lleva a albergar sentimientos de poca valía, su sentido de autoidentidad es pobre, pues no han logrado aceptar sus carencias ni sopesar correctamente sus posibilidades reales. Sus sentimientos de inferioridad le hacen sentir una falta de fortaleza interna, así como acarrea otros sentimientos de desesperanza y miedo, incluso de autodesprecio. Esto los lleva a la inacción, pues temen hacer cosas y parecer ineptos al intentarlo, y lamentablemente terminan siendo vistos así. Es todo un círculo vicioso. Hay que recordar que, a uno lo tratan como uno enseña que lo traten.

El individuo que se quiere a sí mismo es todo lo contrario, su sentido de autoidentidad es fuerte. Confía en sus propias capacidades, es conocedor de sus limitaciones y sabe cómo nivelarlas: establece alianzas que compensen sus puntos débiles.
El pobre en autoestima, en cambio, hace que su propia valía dependa de lo que otros piensen o digan, por ello siempre necesita que lo demás lo aprueben, constantemente busca agradar a todos, nunca puede ser él mismo. No tiene la convicción esencial para asumir las decisiones y los retos más desafiantes, pues teme que cada falla le "confirme" su sentido de incompetencia.Quien adolece de esta capacidad tiene su propio "enemigo interno", algo así como una voz que siempre le dice "No puedes", desaprovechando así las oportunidades.

Ni egoísmo ni arrogancia. Sin duda, concordarás con todo lo anterior, pero probablemente puedas pensar que el amor por uno mismo, puede también ser una señal de egoísmo. Nada más falso. El verdadero querer no tiene que ver nada con la soberbia, la cual es más bien reflejo de una personalidad pobre en autoestima, en realidad se trata de un mecanismo de defensa que algunos individuos emplean, pues necesitan creer que los demás son menos que él a fin de aparentar una "superioridad" que sólo oculta sus propios sentimientos de incompetencia.
Te arriesgas a quererte?
Por Alberto Enrique Aquino RodríguezPsicólogo

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