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6 de agosto de 2013

Estoy remando sola por Alejandra Stamateas

Estoy remando sola
por Alejandra Stamateas

Mateo 17:1-8: "Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, el hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una montaña alta. Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.Pedro le dijo a Jesús:
--Señor, ¡qué bien que estemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías.
Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»
Al oír esto, los discípulos se postraron sobre su rostro, aterrorizados. Pero Jesús se acercó a ellos y los tocó.
--Levántense --les dijo--. No tengan miedo.
Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús."
¿Alguna vez sentiste que eras la única que hacía todo el esfuerzo? ¿Estás actualmente remando sola?
A continuación voy a describir algunas escenas típicas en las que alguien siente que tiene que remar sola:
1. Llegás del trabajo a tu casa, muy cansada, y tu esposo te espera para ver qué vas a cocinar y tus hijos, para que los ayudes con sus tareas.
2. En tu relación de pareja parece ser que la única que pone fuerzas, propone hacer salidas o ahorrar dinero para casarse sos vos. Si la pareja funciona mal la que querés ir al psicólogo o asistir a la iglesia sos vos.
3. Querés ir con toda la familia de vacaciones pero a la hora de planificar el merecido descanso, vos te tenés que ocupar de todo. ¡Hasta para organizar algo divertido te dejan sola!
4. Organizás un encuentro familiar pero nadie colabora. Tenés que llamar por teléfono a los invitados, decidir el lugar y la hora donde se van a encontrar, todo vos sola.
¿Te sentís identificada con alguna de las situaciones anteriores? ¿Alguna vez remaste sola con un proyecto, una idea o un sueño?
Aunque produce cansancio, remar es algo bueno. Por otra parte, todos alguna vez tuvimos o vamos a tener que remar en la vida. Hoy quiero darte la clave de cómo tenés que remar para llegar a destino y que el cansancio que tengas te produzca alegría.
Cuando una mujer o un hombre reman, en algún momento se convierten en personas indispensables. Alguien indispensable es una persona que se hace tan necesaria para los demás que parece que no pueden vivir sin ella. En cierto modo, muchas personas crean este personaje del ser indispensable para reforzar su estima. Esto explica por qué muchas mujeres aún cuando se les ofrece ayuda, la terminan rechazando.

Veamos algunos disfraces que usamos las mujeres para transformarnos en personas indispensables:
1. Lavadora automática: Hace todo por sí misma y no necesita ayuda de nadie.
2. La inventora: Siempre inventa algo aunque no haya nada para hacer porque no puede quedarse sentada ni un minuto. Como no soporta la quietud, siempre está acomodando los muebles, sacando la basura o preparando minuciosamente la mesa.
3. La que posee mente de liquidación: Su lema es: "Yo te lo hago por menos". Por ejemplo, le contás que llevaste tus zapatos o tu falda a arreglar y ella te pregunta: "¿Por qué la llevaste si yo te lo hubiera hecho por dos pesos?" Todo el tiempo está ofertándote algo que ella puede hacer más barato.
4. Boy scout: Siempre está lista para el que la necesita.
5. La profesional: Este tipo de mujer es conocida como la que soluciona todo. ¡Nadie resuelve los problemas como ella!
El objetivo de las mujeres indispensables es ser tan requerida por los demás que ellos crean que sin ella no van a poder sobrevivir: "Ay, si yo no estoy en Navidad, ¿cómo van a hacer para festejar?, ¿cómo se van a arreglar solos?". ¿Conocés a alguien así?
El gran conflicto interno de esta mujer proviene de un ideal introducido por la cultura y la familia. Dicho ideal hace que esta mujer la reme sola, esté agotada y no pida ayuda, pero incluso si así lo hiciera, nadie se la brindaría. Esto se debe a que ella responde al modelo de "la chica buena", modelo que le marca la manera en la que debe comportarse. Veamos a continuación algunos ejemplos:

"¡Qué linda estuvo la fiesta de ayer! Lástima que faltó un poquito de pollo... si bien comieron todos, tendría que haber preparado más cantidad", "la Navidad es una época especial... como hay tanta gente necesitada me fui a repartir pan dulces por toda la ciudad, ¡fue una experiencia impresionante!". Si la preguntáramos a la mujer del último ejemplo si está cansada, seguramente respondería algo como: "Sí, pero bueno..., cuando volví me pidieron que preparara más pan dulce para la familia y obviamente me puse a amasar otra vez. ¡Cómo no voy a preparar más pan dulce para la familia!".

Entre las características más destacadas de la "chica buena" encontramos la amabilidad, la simpatía, la solidaridad y la responsabilidad. Las "chicas buenas" arreglan siempre todos los problemas y no quieren peleas ni gritos sino que todo sea paz, amor y alegría. No le pueden decir "No" a sus jefes y como tienen que ser "chicas buenas" soportan cualquier clase de maltrato y humillación. Este tipo de mujeres pueden tener esposos vagos que no quieren salir a trabajar, pero por miedo a ofenderlos nunca les piden que salgan a buscar trabajo. No dejan de echarse la culpa todo el tiempo y consideran que todo lo malo que sucede a su alrededor se debe a que ellas hicieron las cosas mal: "Si los chicos se llevaron materias fue por mi culpa", "si él se fue con otra mujer es por mi culpa, no le di suficiente sexo". Las chicas buenas siempre tienen que dar la respuesta adecuada y si sienten que reaccionaron mal, se ponen una calificación baja en sus constantes autoevaluaciones. Este tipo de mujeres se someten estrictamente a las reglas y dependen significativamente de lo que el otro piensa, razón por la cual viven aclarando a todo el mundo por qué hicieron algo de una determinada manera. No saben cuando parar, ellas siguen remando y remando, excediéndose a sí mismas. Todas ellas tienen muchísimas capacidades escondidas, guardadas, que no pueden sacar a luz porque siempre les falta un detalle, y así se retrasan en la vida.

¡Tenés que dejar de ser tan buena!
Hay un principio que dice que cuanto más haces, más esperan de vos. En otras palabras, vos ponés el parámetro de lo que los demás te van a exigir en la vida. Si sos la única que organiza las fiestas de cumpleaños de tu familia, en el próximo cumpleaños las expectativas de los demás van a estar en que hagas algo más que organizarla. Si a tus hijos les preparás la comida hasta los cuarenta años, ellos van a esperar que lo sigas haciendo hasta los cincuenta. En el caso de que quieras cambiar, probablemente venga una presión externa que de alguna manera te pusiste vos misma. No obstante también existe una presión interna que está encubierta y que consiste en tener la sensación de que nunca hacés lo suficiente y de que tenés que esforzarte un poquito más. "Esta fiesta fue buena, pero la próxima tiene que ser un poquito mejor", "este libro que escribí fue bueno, pero el próximo tiene que ser un mejor". Esa presión es encubierta porque no se la contás a los demás sino que solo la sentís vos. Yo misma sentí esa presión. Durante años me pasó que tras brindar consejería a una mujer, me quedaba mal porque creía que podría haberla aconsejado de otra manera. Con el tiempo me fui dando cuenta de que, más allá de mis consejos, cuando la persona se iba hacía lo que quería. Con esto no te quiero decir que tenés que ser mediocre, sino que tenés que hacer siempre lo mejor posible, pero esto no significa que tengas que ser perfecta.

El gran problema de estas mujeres que viven remando y como no reciben ayuda terminan agotadas, es que sienten una presión interna que las hace sentir que no hicieron todo, que algo les faltó. Creen que no son la mamá correcta, la empleada correcta, la jefa correcta: ¡siempre sienten que podrían haberlo hecho mejor! Esa es la gran trampa del ideal de la "chica buena": siempre va a haber algo que te va a faltar. Internamente, el ideal te va a resaltar los "deberías", es decir, las expectativas, lo que se espera de una madre ideal, de una esposa ideal, de una hija ideal, en fin, de una mujer ideal, que por supuesto, no existe.
En la vida, vas a tener que remar, pero lo importante es que lo hagas teniendo en mente tu propio ideal. Buscá tu propio modelo en vez de hacer lo opuesto a lo que hizo aquella persona, quizás tu madre, de la cual te querés diferenciar. Cuando aceptes, por ejemplo, que tu mamá tuvo errores y que vos también los tenés, vas a poder construir ese modelo que necesitás. No se trata de seguir el ideal de mujer que te imponga la iglesia o la cultura, sino que construyas uno propio. Si te gusta cocinar y estar en tu casa con tus hijos, hacelo, siempre y cuando eso sea lo que te gusta. El gran conflicto aparece cuando alguien te impone un determinado modelo de cómo deberías comportarte y qué actividades deberías hacer. Armate un ideal de mujer basado en lo que genuinamente anhelás lograr en la vida.
Queridas mujeres, vamos a remarla, sí, ¡pero vamos a remar nuestro modelo de lo que queremos lograr!

En una entrevista con algunos remeros, ellos me dieron algunos datos acerca del remo que quiero compartirte. Las personas que practican remo afirman que practicar ese deporte los lleva a conocerse a sí mismos, porque siempre están al límite, y para mejorar tienen que superar su mayor nivel de esfuerzo. De este modo, si logran superar una marca, ese logro es exclusivamente propio, ya que no hay nada ni nadie a su alrededor. Todo remero tiene un entrenador que se encarga de enseñarle a hacer los movimientos y prepararlo mental y físicamente. El entrenador guía al remero para que este alcance su objetivo. Al principio, hasta que aprende a remar correctamente, el remero rema solo. Después, empieza a remar con un compañero. Es necesario que los compañeros no solo tengan los mismos tiempos y estén al mismo nivel, técnicamente hablando, sino que puedan entablar una buena relación y compartan los mismos objetivos.
Al igual que lo que sucede con el remo, Dios te está entrenando para que remes sola hasta que estés preparada, y si aún estás sola es porque no hay otro como vos. Tenés que remar por tus sueños, tus anhelos y tus principios. Remá en la vida por lo que querés, ya que cuando hayas aprendido a hacerlo y te vean entusiasmada, otros se van a motivar con tu sueño y van a poder remar juntos. Mientras estés sola nunca remes por los ideales de los demás, ¡remá por tus propias metas!

En el pasaje de Mateo 17:1-8, Jesús se había ido con Pedro, Jacobo y Juan a una montaña alta en la que el Señor se transfiguró. En otras palabras, le empezó a brillar el rostro y sus ropas eran totalmente blancas. Al ver eso, los discípulos quedaron asombrados. Observaron que Jesús estaba hablando con Moisés y Elías, quienes ya habían muerto, tal como lo narra el Antiguo Testamento. Fue ahí cuando Pedro le dijo a Jesús: "Hagamos tres casitas: una para vos, otra para Moisés y otra para Elías, así nos quedamos todos charlando". ¿Te gustaría vivir una situación así? En ese momento una nube de luz envolvió a los discípulos y se escuchó una voz que, refiriéndose a Jesús, dijo: "Éste es mi Hijo amado, quiero que lo escuchen a Él". Moisés y Elías representan el ideal religioso de los judíos, la ley; es decir, frente a sus ojos estaba Jesús y el ideal religioso. Aunque seguían a Jesús, los discípulos todavía tenían el ideal de ser y hacer las cosas del modo en que les habían enseñado, se desesperaban por seguir la ley, ese ideal que Moisés y Elías representaban. Sin embargo, la voz dijo: "No es ese el ideal, ¡escuchen a Jesús!". Los discípulos se agacharon y cuando volvieron a levantar la vista, Moisés y Elías habían desaparecido, solo había quedado Jesús, y a Él escucharon.

¿Cuántas veces te viste remando sola porque la gente te abandonó, te traicionó o no te ayudó como vos esperabas? ¿Cuántas veces dijiste: "Jesús, gracias por haber estado siempre conmigo, ¡sos el único en el que puedo confiar!"? Es en ese momento cuando nuestra alma descansa y le decimos al Señor: "Al final, Señor, somos vos y yo remando juntos... ¡Si no estuvieras a mi lado, yo no sé qué haría! Mientras todos me dejaron, me traicionaron, vos estuviste a cada momento...".

Jesús dijo: "Vengan a mí todos los que están cansados y trabajados que yo los haré descansar". La palabra "trabajados" no se refiere a los que trabajan sino a los que están agotados. Por eso, cuando hagas algo, hacelo lo mejor que puedas, y si tenés que remar por tu sueño, ¡hacelo! Aunque estés cansado, no te preocupes, porque no hay nada más lindo que sentirse así a metros de la meta. Hacé un poquito más por tus sueños y seguí remando por lo que querés lograr en la vida. Cuando te abandonen decí: "Gracias, Señor porque estamos los dos", y ahí vendrá el descanso y Jesús ministrará tu alma para que puedas seguir remando hacia tu sueño. No te preocupes, no vas a estar sola. Cuando estés preparada los demás se van a unir a tu sueño y si hay dos que piensan de la misma manera, van a remar para el mismo lado. Quiero decirte que en la barca de tu vida nunca estás sola, porque Jesús subió a tu lado para darle descanso a tu alma a fin de que llegues a la tierra de la bendición.

Tenés que pensar cuál es el ideal que estás persiguiendo, y reflexionar: ¿a quién le estás respondiendo cuando hacés algo: a tu mamá, a tu suegra, a tu amiga que te dijo que no lo ibas a lograr? ¿Qué le querés demostrar a los demás? ¡Armá tu propio ideal de mujer!
Quizás estés siguiendo un ideal ajeno y te sientas cansada de remar, pero Dios te dice: "¡Vení a mí!".

Estás agotada porque estuviste remando con ideales ajenos, pero volverás a tomar los remos y dirás: "No le quiero demostrar nada a nadie. En mi barca está el Señor Jesús y Él me hará descansar. ¡Yo sé que Él ha preparado lo mejor para mí! Voy a ir detrás de mis sueños y vamos a remar juntos. Descansaré cuando haya que descansar y me moveré cuando me tenga que mover. ¡Voy a conquistar mis sueños porque Él me prometió que iba estar conmigo todos los días, hasta el fin!".

Ese ideal que te hicieron creer de la mujer perfecta tiene que desaparecer delante de tus ojos para que te pongas tus propias metas y recuerdes que estás en la barca acompañada por Jesús. Él no va a bajarse de ahí porque sabe que la tenés que remar, y además, ya te dio la victoria. Si estás con Él vas a lograr tus metas, ¡nada te puede pasar! No te preocupes que vengan de otras barcas a criticarte. ¡Vos sabés cuál es tu destino y has sido entrenado por El Señor para la mejor competencia! Cuando estés remando hacé lo mejor que puedas sin buscar la perfección ni responder a un ideal ajeno. Cada vez que vengan a compararte decí: "¡Yo soy yo y estoy remando por mis sueños!". Amén.

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