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6 de agosto de 2013

Quiero ser una mujer decidida por Alejandra Stamateas

Quiero ser una mujer decidida
por Alejandra Stamateas

Éxodo 4:10-11: "--Señor, yo nunca me he distinguido por mi facilidad de palabra --objetó Moisés--. Y esto no es algo que haya comenzado ayer ni anteayer, ni hoy que te diriges a este servidor tuyo. Francamente, me cuesta mucho trabajo hablar.
--¿Y quién le puso la boca al hombre? --le respondió el Señor--. ¿Acaso no soy yo, el Señor, quien lo hace sordo o mudo, quien le da la vista o se la quita? Anda, ponte en marcha, que yo te ayudaré a hablar y te diré lo que debas decir".
Marchá. ¡El Señor te va a bendecir!
Existen personas que son obsesivas con los asuntos domésticos y necesitan hacer un inventario de todo lo que tienen en su alacena para así saber qué tienen que comprar y qué no. Del mismo modo, muchas mujeres hacemos un inventario de nuestra vida y sentimos que nos falta algo cuando en realidad no es así. Tal vez lo ocultamos, quizás el dolor hizo que lo guardáramos, o bien no nos acordamos que alguna vez lo usamos y nos fue útil. De este modo, alimentamos la creencia de que nos falta algo que en realidad tenemos. Por eso es importante que periódicamente hagamos un inventario de nuestra vida y empecemos a buscar dentro de nosotras aquello que creemos que no tenemos.

Tenés que saber que Dios te ha dado todas las herramientas que necesitás para vivir la vida. Si necesitás algo para salir adelante, no lo busques afuera sino adentro de vos.
Hoy quiero analizar con vos una capacidad que tenemos todos los seres humanos: la capacidad de tomar decisiones.

Las mujeres solemos tomar muchas decisiones. Quizás hoy hayas decidido varias cosas, por ejemplo, levantarte temprano, ir a pagar las cuentas al banco, hacer las compras, pasar a buscar a tus nietos por el colegio, cocinar esa receta que tenías guardada, hacer un viaje; y es que tu problema no es tomar decisiones. Aunque a veces digas: "No sé", "no puedo", "me cuesta", sos una mujer decidida y sabés buscar aquello que creés que te falta y que quizás hayas dejado olvidado en algún lugar de tu vida. El problema no está en el hecho de tomar decisiones sino en que las decisiones que tomes sean buenas y lo hagas de una manera rápida.
Tenemos que aprender a tomar decisiones por resolución y no por saturación. Eso significa que si tomamos una decisión tiene que ser para prevenir o para resolver un problema y no porque estemos saturados. Por ejemplo, cuando decido ir al médico tiene que ser para hacerme un chequeo que prevenga un conflicto y no porque ya estoy enferma hace un mes y siento que "no doy más". Cada vez que tomes una buena decisión vas a obtener un buen resultado y eso te va a motivar para que sigas tomando buenas decisiones cada vez con mayor rapidez.
Cómo hacer para tomar decisiones buenas y rápidas.
Para tomar buenas decisiones de manera rápida tenés que trabajar en diferentes áreas:

1. Quebrá los prejuicios.

Los prejuicios son ideas, preconceptos que tenemos sobre las personas, sobre el entorno y sobre nosotras mismas. A modo de ejemplo voy a citar algunos prejuicios de esta última categoría:
  • "No soy una mujer interesante". Esta creencia lleva a que te preguntes: "¿Quién se puede fijar en mí?", "¿quién me querrá a mí como líder de un grupo?", "¿quién va a escuchar mi opinión si yo no tengo nada interesante para decir?", "¿quién me va a querer contratar para su empresa?", "¿quién va a querer casarse conmigo?". Una mujer que considera que no es interesante se cuestiona permanentemente todas las actitudes de los demás hacia ella. Como si eso fuera poco, existe lo que se conoce como "factores de mantenimiento": siempre habrá alguien que corrobore la idea errónea que tenés sobre vos mismas, siempre habrá alguien que va a hacerte ver que ese prejuicio es cierto. Un ejemplo de esto sería que tu esposo te dijera: "¿Quién se va a fijar en vos? ¡Si no estás conmigo no vas a formar pareja nunca más en tu vida!" o que tus padres afirmaran: "A vos nunca nadie te quiso". Asimismo, el rechazo de tus compañeras en la escuela, la falta de valoración de tus superiores o el no sobresalir en alguna fiesta son situaciones que te van condicionando a lo largo de tu vida. De esta manera terminás viviendo con el prejuicio de que sos invisible y entonces, a la hora de tomar una buena decisión, decís: "Pero yo no puedo tomar esa gran decisión", "a mí nadie me va a escuchar", "¿a quién le va a interesar lo que yo diga?".
  • "Necesito mucho amor porque si no, no funciono". Si sos de las que dicen: "Si a mí no me dan besitos o no me dicen piropos, no funciono", "¡a mí de mala manera, no!", "si mi jefe me grita, me bloqueo y no puedo seguir trabajando", entonces te tenés que cuestionar por qué creés que todo el mundo te tiene que dar mucho amor para que puedas funcionar. Si tu motor es el amor de los demás, te la vas a pasar seduciendo a todo el que se cruce por tu camino porque necesitás ser amada para funcionar.
Cuando una mujer se vuelve dependiente de la aprobación del otro, le cuesta mucho hablar en público, rendir un examen o expresar su opinión. Tiene miedo de no saber responder, de que la miren con mala cara, de que el otro no esté de acuerdo y la critique.
Si el amor del otro es tu motor, es muy probable que te abstengas de decir "No" por miedo a que seas mal vista o por temor a que las personas te rechacen. Este fue el caso de una mujer que conoció a un hombre y quedó tan encandilada por sus encantos que no pudo negarse a ir a su departamento. Tampoco pudo decirle "No" a la hora de desvestirse porque tenía esa necesidad de ser amada y no quería que él la echase del lugar. Fue así que lo esperó desnuda mientras él salió por un momento. Cuando volvió, lo hizo con otros tres hombres más y entre los cuatro la violaron.
Las consecuencias de tener el prejuicio de que si no te aman no podés funcionar pueden ser lamentables.
  • Mi mecanismo es: "Debo desconfiar de todo el mundo". Hay mujeres que tienen el mecanismo de la desconfianza, nunca pueden confiar en nadie y eso enlentece cualquier decisión que quieran tomar en la vida. Todos tenemos prejuicios con respecto a nosotros y es importante que puedas averiguar cuáles son los tuyos y trabajar para quebrarlos. Por ejemplo: "No soy inteligente", "soy muy tonta, nunca me va a ir bien en el amor", "no sirvo para nada", "a mí nadie me ve", "no soy linda". Estos prejuicios se van construyendo desde la infancia y están ligados a cómo fuimos criados por nuestros padres. Tal vez hayas tenido una madre o un padre que dudaban mucho cuando tenían que tomar decisiones. Quizás tus padres tomaron alguna vez una decisión equivocada y tuviste que pagar las consecuencias de dicho error. Tal sería el caso de un padre que perdió todo el dinero por su adicción al juego y la familia tuvo que vender sus bienes para afrontar las deudas contraídas. Otro ejemplo podrían ser las niñas cuyos padres las dejaban a cargo de los hermanitos menores y terminaron volviéndose hiperresponsables. Si pasaste por alguna de esas situaciones es probable que a la hora de tomar una decisión te sientas condicionada por temor a equivocarte. Seguramente te prejuzgás por ese error del pasado y cada vez que tenés que decidir decís: "Me equivoqué antes y no quiero volver a hacerlo esta vez". O tal vez te enlentecés porque decís: "No quiero equivocarme", "no quiero hacerle mal a nadie", "soy responsable de todo el mundo", y así terminás con el síndrome de Atlas, sintiendo que cargás a todo el mundo sobre tus hombros.
¡Tenés que hacer una declaración profética de que vas a 
tomar decisiones buenas y rápidas!
2. Chequeá las consecuencias.
No es lo mismo tomar la decisión de casarte que pensar en lo que vas a cocinar mañana al mediodía. Si te equivocás, las consecuencias van a ser bien diferentes: podés tirar unas milanesas a la basura, pero no podés hacer lo mismo con tu matrimonio. Tenés que evaluar si esa decisión que vas a tomar te trae consecuencias negativas permanentes o si tenés un margen para el error. Muchas veces las mujeres pasamos más tiempo eligiendo un par de zapatos que pensando si nos conviene o no ponernos de novias con un hombre. Tenemos que aprender que toda decisión acarrea consecuencias diferentes: no es lo mismo comprar una prenda de ropa que comprar una casa. Hay decisiones cuyos efectos son irreversibles.
Cuando tengas que tomar una decisión, es importante que te preguntes: "¿Es tan conflictiva la decisión que debo tomar?", "¿es el fin del mundo?", "¿voy a lastimar a alguien con la decisión que estoy tomando?". Quizás no sea el fin del mundo comprar una prenda que te quede grande, pero sí puede ser perjudicial comprar una casa que tiene las cañerías de gas en mal estado.
También es fundamental que te cuestiones si estás preparada para vivir con el error que podés cometer con tu decisión. Por ejemplo, si dejás a tu esposo para irte con otro hombre y todo resulta mal, ¿estás preparada para vivir con ese error toda la vida? A veces tomamos decisiones que nos terminan lastimando por no haberlas chequeado previamente. No te apresures en decidir. Tomate todo el tiempo que necesites cuando tengas que decidir, especialmente si las consecuencias de una decisión mal tomada son irreversibles.

3. Buscá información de aquellos que saben
.
Una mujer que tuvo un accidente laboral se encontraba con que nadie quería hacerse cargo de los costos que demandaba el tratamiento para su recuperación. Consultó con muchísimas personas pero cuando le pregunté si lo había hablado con algún abogado me dijo que no. Para tomar una buena decisión tenés que asesorarte con gente que sabe del tema.

4.
 Identificá si tus creencias son un prejuicio o una realidad.
Si pensás: "A mí no me van a tomar en ese trabajo por la edad que tengo", yo te pregunto: ¿no será un prejuicio tuyo? ¿Fuiste a buscar ese trabajo a ver qué te decían o te basaste en la experiencia de un tercero? Si creés que ese hombre no te va a amar porque sus parejas anteriores tuvieron tu misma manera de pensar, ¿no te parece que eso es un prejuicio? ¿Fuiste a averiguar vos o te estás moviendo por información ajena?
Hay decisiones que tenés que tomar, pero antes de hacerlo analizá si tenés un prejuicio que está impidiendo que avances. Quizás digas: "Me voy a quedar sola, nadie me va a querer", "mis hijos van a estar en problemas", "no me va a alcanzar el dinero", "me voy a terminar volviendo loca", ¡esos son prejuicios!
Dios anhela que te muevas y para eso tenés que tomar buenas decisiones desterrando prejuicios que, sin darte cuenta, defendiste toda tu vida. Dios te dice: "Movete, caminá, porque voy a hacer que haya sabiduría en de tu corazón. Aquello que pensás que no tenés, yo ya lo puse el día en que naciste".

5. Volvete una marca.

Si te nombrase determinadas marcas que son conocidas a nivel mundial, seguramente podrías decirme rápidamente a qué producto pertenece cada una y describir con detalles las características de ese producto. Por ejemplo, si te preguntara: "¿Qué me podés decir de esa famosísima marca de yogurt?", podrías responder: "Es sano, tiene un sabor excelente, es de calidad, es refrescante, aporta muchas vitaminas, etc.". Ahora te pregunto: "¿Qué sentís cuando pronunciás tu nombre?, ¿qué pensás de vos misma?, ¿qué pasa cuando la gente, tus hijos o tu pareja mencionan tu nombre?

Jesús conocía cuál era su identidad y cuál era su propósito. Lucas 4:14-19 narra que Jesús leyó el pasaje de Isaías 61:1: "El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros". ¡Él sabía exactamente quién era! Del mismo modo, vos tenés que saber que sos una marca que le está aportando algo al mundo. Tenés que convertirte en una marca que perdure en el tiempo. Cuando la gente se junte a vos tiene que recibir lo que decís que sos. Por ejemplo, si decís que sos una mujer inteligente, la gente tiene que saber que cuando se junta a vos, no va a estar con una tonta sino con una mujer madura y reflexiva, tal como te definiste. Las personas tienen que identificar tu nombre con la promesa de que con vos van a tener bendición y excelencia, porque has sido creada por Dios. Al igual que Jesús, tenés que saber quién sos y para qué viniste al mundo; de lo contrario, vas a estar viviendo siempre por debajo del nivel en el que Dios quiere que vivas y el Señor te hizo para mucho más.

Moisés fue llamado por Dios y tenía que decidir si iba a ir a hablarle a Faraón o no. Él puso como excusa su perjuicio y le dijo a Dios: "Soy tartamudo... Faraón no va a entender lo que digo... Yo no soy la persona correcta. Mandá a otro, yo no puedo hacer esa tarea". Así nos pasa muchas veces con nuestros propios prejuicios: "Yo soy una tonta, mandá a otra más inteligente", "yo no soy capaz de hacer eso, ¡soy tan miedosa!". El Señor escuchó la excusa de Moisés y le preguntó: "¿Quién le dio la boca al hombre? ¿Quién te creo?". Y esa es la pregunta que Dios te hace cuando tenés que tomar una buena decisión o decir "No" a algo porque te trae dolor: "¿Quién te creó, la cultura, tus padres, tu pareja?". Fuiste creada por Dios; entonces, ¿por qué no permitís que el Señor te envíe donde te tiene que enviar? ¡Parate firme en la vida y decí: "Si Dios me creó, no me va abandonar; si Él me dio vida, no me va a dejar morir a mitad de camino!".
Sos tremendamente valiosa porque tu nombre es una marca registrada que perdura en el tiempo. Aquellos que se acercan a vos reciben lo que vos decís que sos. ¡Buscá bien porque lo que creías que te faltaba está dentro tuyo!
Muchas veces Dios no te da sabiduría hasta el momento que la necesitás para tomar una decisión. Cuando estés a punto de tomar una decisión difícil decile a Dios: "Señor, dame sabiduría para tomar esta decisión y saber con quién tengo que hablar y cuál es el momento correcto". Lo único que Dios te pide es que estés dispuesta a confiar en Él y que uses tu fe. El señor te dice: "Cualquiera sea la decisión que tomes te va a ir bien porque sos mi hija, y yo he decidido desde la eternidad que todo lo que hagas te salga bien".
Todos los días tomamos muchas decisiones, pero hay algunas que tienen que ser buenas porque ellas determinarán nuestro futuro. Salmos 81:10 dice: "Abre tu boca y yo la llenaré" y Jueces 6:14ordena: "Ve con la fuerza que tienes". Estas son las palabras con que el Señor te impulsa. Sacate los prejuicios de encima y avanzá porque Él abrirá tu boca y la llenará con palabra de sabiduría.

A la vida hay que ponerle resistencia porque si no te pasa por arriba y te lastima. Ponele resistencia a ese problema económico, de pareja o con tus hijos tomando buenas decisiones. Después de distribuir toda la tierra prometida Josué les preguntó a las tribus israelitas que aún no habían tomado sus territorios: "¿Hasta cuándo van a esperar para tomar posesión del territorio que Dios ya les otorgó?". Esa es la pregunta que Dios te hace: "¿Hasta cuándo vas a esperar para tomar esa buena decisión que te va a aliviar la carga, que te va ayudar a salir adelante? Dios ya te entregó lo que es tuyo, así que andá, buscá y conquistá el territorio porque tenés capacidad y recursos para lograrlo.
Empezá a levantar tus prejuicios: "No me van a querer", "no me van a dar importancia", "soy pobre", "soy fea", "soy tonta". Dios te dice: "Hay que tomar buenas decisiones, ¡yo estoy con vos! ¡Tenés una tierra por conquistar y lo único que tenés que hacer es pisarla porque yo ya te la entregué!". Amén.

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